Un estudio realizado con casi 3.000 adultos mayores de 60 años encontró una asociación entre pasar largos períodos sin comer y una acumulación más rápida de enfermedades crónicas. Los resultados ponen el foco sobre los posibles efectos de los ayunos prolongados en personas mayores, especialmente entre quienes tienen 78 años o más.
El ayuno intermitente se convirtió en una de las estrategias de alimentación y salud más populares durante la última década. Sin embargo, una investigación realizada por científicos de Estocolmo, Suecia, y publicada en el Journal of Internal Medicine, encontró que los adultos mayores que habitualmente permanecían entre 14 y 24 horas sin comer acumulaban enfermedades crónicas a mayor velocidad que quienes distribuían sus comidas en intervalos más frecuentes.
El patrón fue particularmente evidente entre las personas de 78 años o más, mientras que no se observó una asociación estadísticamente significativa entre los adultos más jóvenes. El hallazgo plantea interrogantes sobre si los períodos prolongados de ayuno pueden tener consecuencias diferentes a medida que avanza la edad.
La importancia del resultado radica en que más de la mitad de los adultos mayores de 60 años conviven con múltiples enfermedades crónicas. La aparición de nuevas patologías en un período relativamente corto puede traducirse en un mayor consumo de medicamentos, más consultas médicas, pérdida de autonomía y un incremento del riesgo de muerte prematura.
Qué analizó el estudio sobre el ayuno
Los investigadores utilizaron información del Estudio Nacional Sueco sobre Envejecimiento y Cuidados en Kungsholmen (SNAC-K), un trabajo de largo plazo que sigue a adultos de 60 años o más residentes en Estocolmo. Los datos iniciales fueron recopilados entre 2001 y 2004 y tuvieron una tasa de respuesta del 73%. Después de excluir a las personas que no contaban con información suficiente sobre sus horarios de alimentación, el análisis quedó conformado por 2.981 participantes.
Los adultos fueron seguidos durante un promedio de aproximadamente siete años, aunque la información relacionada con las enfermedades se extendió durante 15 años, mediante seis períodos de seguimiento. Las personas menores de 78 años fueron evaluadas cada seis años, mientras que quienes tenían 78 años o más fueron evaluados cada tres años, debido a los cambios más rápidos que pueden producirse en la salud durante esa etapa de la vida.
Para determinar cuánto tiempo permanecían sin comer, los participantes informaron sus horarios habituales de desayuno, almuerzo, cena y tentempiés. Con esos datos, los investigadores los distribuyeron en cuatro grupos según la duración del intervalo entre comidas: de 6 a 11,5 horas, de 11,5 a 12,75 horas, de 12,75 a 14 horas y de 14 a 24 horas.
La acumulación de enfermedades se evaluó a partir de información procedente de controles médicos, historias clínicas, análisis de laboratorio y un registro nacional de pacientes. Las patologías fueron organizadas en tres grandes grupos: enfermedades cardiovasculares, enfermedades cerebrales y de salud mental y enfermedades óseas y articulares.
Los efectos de pasar muchas horas sin comer
Los resultados mostraron que las personas que permanecían entre 14 y 24 horas sin comer acumulaban enfermedades crónicas a una velocidad significativamente mayor durante el seguimiento. Además, los investigadores observaron que cada hora adicional de ayuno estaba asociada con una mayor tasa anual de acumulación de enfermedades. El vínculo fue especialmente evidente en las enfermedades cardiovasculares y en las patologías relacionadas con el cerebro y la salud mental. En cambio, no se encontró un patrón consistente en relación con las enfermedades óseas y articulares.
Cuando los participantes fueron divididos según su edad, la diferencia se hizo todavía más clara. Entre las personas de 78 años o más, quienes pertenecían al grupo con los períodos de ayuno más prolongados desarrollaron enfermedades crónicas a una velocidad significativamente mayor que aquellos que permanecían menos tiempo sin comer. La asociación también se mantuvo en las enfermedades relacionadas con la salud cerebral y mental. En cambio, entre los adultos menores de 78 años no se encontró una asociación estadísticamente significativa.
Por qué el ayuno prolongado podría afectar más a los adultos mayores
Los investigadores plantean varias explicaciones posibles para estos resultados. Una de ellas está relacionada con los cambios que experimenta el sistema digestivo durante el envejecimiento. A medida que pasan los años, el organismo puede producir menos ácido estomacal y determinadas enzimas digestivas. Esto puede dificultar la absorción de nutrientes esenciales como vitamina B12, calcio y hierro, incluso cuando la alimentación proporciona cantidades suficientes.
Si las comidas se concentran en un período más reducido del día, las oportunidades para incorporar y absorber esos nutrientes también disminuyen. Con el tiempo, esto podría favorecer déficits nutricionales sutiles pero acumulativos.
Otro posible mecanismo está relacionado con la masa muscular y el envejecimiento. El tejido muscular de las personas mayores responde de manera menos eficiente a las proteínas de los alimentos: necesita señales más fuertes para activar los procesos de reparación y crecimiento.
Al aumentar demasiado el intervalo entre comidas, disminuye la frecuencia con la que el organismo recibe esas señales asociadas con el consumo de proteínas. Esto podría contribuir a una menor conservación de la masa muscular, un factor especialmente importante durante el envejecimiento y relacionado con diferentes aspectos de la salud cardiovascular y cognitiva.
Los medicamentos constituyen otro elemento a considerar. Las personas mayores suelen consumir varios fármacos y algunos necesitan ingerirse junto con alimentos para favorecer su absorción o reducir determinados efectos adversos. Por eso, según los investigadores, los ayunos prolongados podrían interferir con algunos tratamientos.
El estudio no demuestra que el ayuno cause enfermedades
A pesar de la asociación encontrada, los resultados deben interpretarse con cautela. El estudio no demuestra que el ayuno intermitente o los períodos prolongados sin comer causen directamente enfermedades crónicas. Se trata de una investigación observacional: los científicos analizaron los hábitos alimentarios y la evolución de la salud de las personas sin intervenir sobre su alimentación. Por lo tanto, no puede establecerse una relación directa de causa y efecto.
Además, los participantes pertenecían a una población específica: eran adultos mayores predominantemente urbanos, con un nivel educativo elevado y residentes en la comunidad en Suecia. Por ese motivo, todavía no está claro si los resultados pueden extrapolarse a personas de otras características, países o sistemas sanitarios. Sin embargo, los investigadores destacan la solidez del análisis. El trabajo incluyó casi 3.000 participantes, tuvo hasta 15 años de seguimiento y los resultados se mantuvieron consistentes en más de 20 análisis de sensibilidad.
El hallazgo no significa que todas las personas mayores deban evitar el ayuno intermitente, pero sí plantea la necesidad de analizar con mayor atención la duración de los períodos sin comer durante el envejecimiento. En particular, abre una pregunta relevante para la salud de los adultos mayores: una estrategia alimentaria que puede resultar beneficiosa o tolerable para algunas personas más jóvenes, ¿puede tener efectos diferentes cuando disminuye la capacidad del organismo para absorber nutrientes y conservar la masa muscular?