El error habitual al saludar a tu perro cuando volvés a casa y cómo enseñarle a gestionar la espera

¿Tu perro se desborda al verte? La advertencia de los adiestradores sobre cómo responder ante su excitación o ansiedad y las claves para educarlo con calma.

Perro mascota
Mujer acariciando a su perro.
Foto: Freepik.

Después de varias horas fuera de casa, es habitual que un perro corra hacia la puerta, salte sobre su dueño, ladre o busque contacto físico apenas lo ve regresar. Para muchas personas, esa escena es una muestra inequívoca de alegría. Sin embargo, desde el adiestramiento canino se plantea otra lectura: ese nivel de excitación también puede ser una señal de que el animal todavía no sabe gestionar la espera y el reencuentro.

El adiestrador canino Víctor Mareño explicó en el podcast Zenvibes que una de las conductas que los dueños pueden reforzar sin darse cuenta es precisamente la de prestar atención al perro cuando se encuentra en un estado de gran excitación.

Para un perro, las caricias, las palabras, el contacto físico o incluso la atención de su dueño pueden convertirse en recompensas. Por eso, si cada vez que alguien entra a la casa responde inmediatamente a los saltos, ladridos o demandas de contacto, el animal puede aprender que esas conductas son una forma efectiva de obtener lo que busca.

La propuesta de Mareño es enseñar una alternativa: que el contacto llegue cuando el perro haya recuperado la calma. Una posibilidad es pedirle que se siente y esperar unos segundos antes de acariciarlo. Otra consiste en entrar a la vivienda sin responder inmediatamente a la excitación del animal y darle atención cuando se haya tranquilizado.

Perro mascota
Perro lame a su dueño.
Foto: Freepik.

La intención no sería ignorar al perro como forma de castigo, sino evitar que el momento del reencuentro quede asociado sistemáticamente con una respuesta de máxima intensidad.

Que un perro salte, ladre o corra hacia su dueño no permite concluir por sí solo que esté sufriendo ansiedad. Los animales pueden reaccionar de distintas maneras ante la llegada de una persona y el comportamiento debe interpretarse teniendo en cuenta el contexto y el resto de sus señales.

Lo que sí puede observarse es qué ocurre después de determinada conducta. Si saltar, ladrar o insistir con el contacto siempre consigue una caricia, una palabra o algún otro tipo de atención, es posible que esa respuesta contribuya a mantener el comportamiento.

Por eso, una parte del adiestramiento consiste en enseñar al perro qué conductas son las que permiten obtener aquello que busca. En lugar de responder a la demanda cuando está desbordado, se puede reforzar la espera, la quietud o una indicación sencilla como sentarse.

Perro, mascota, dueño
Hombre tomándose una selfie con su mascota.
Foto: Freepik.

La educación canina, además, no se reduce a lo que ocurre al abrir la puerta. Los límites y las rutinas pueden ayudar a trabajar otras conductas, como esperar antes de salir a la calle, responder a una indicación o tolerar que el dueño no esté disponible de inmediato.

En definitiva, recibir a una mascota con afecto no es necesariamente un problema. La cuestión está en qué comportamiento se está reforzando con esa respuesta. Si el perro aprende que para conseguir atención necesita saltar, ladrar o insistir cada vez más, probablemente continuará haciéndolo. Si, en cambio, descubre que también puede obtener afecto cuando espera y se tranquiliza, la calma pasa a formar parte de lo que se le enseña.

Con base en La Nación/GDA

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