Los sofocos y los sudores nocturnos son dos de los síntomas más frecuentes de la menopausia y afectan el descanso de muchas mujeres. Se estima que alrededor del 80% experimenta dificultades para dormir debido a estas manifestaciones, conocidas como síntomas vasomotores.
Aunque caminar, practicar yoga, realizar entrenamiento de fuerza o hacer ejercicio aeróbico suelen recomendarse para aliviar estas molestias, una revisión sistemática realizada por investigadores de la Escuela de Educación Física y Deporte de Ribeirão Preto, de la Universidad de São Paulo (Brasil), concluyó que la actividad física, por sí sola, no mejora de forma significativa la calidad del sueño ni el insomnio en mujeres que presentan estos síntomas.
El análisis reunió nueve ensayos clínicos aleatorizados con un total de 1.579 mujeres que sufrían sofocos y sudores nocturnos. Los investigadores evaluaron el impacto de distintos programas de ejercicio sobre el descanso y observaron que, si bien hubo pequeñas mejoras en algunos problemas relacionados con el sueño, el efecto general fue modesto.
Según los autores, esto podría explicarse porque no existe un único tipo de ejercicio eficaz para todas las mujeres. Factores como la intensidad, la frecuencia, la duración, el momento del día en que se realiza la actividad e incluso las condiciones ambientales pueden influir en los resultados.
Los especialistas aclaran que estos hallazgos no restan importancia al ejercicio durante la menopausia. Mantenerse físicamente activa continúa siendo una de las principales recomendaciones para cuidar la salud cardiovascular, preservar la masa muscular y la densidad ósea, controlar el peso, mejorar el estado de ánimo y reducir el riesgo de enfermedades crónicas.
Cuando el principal problema es el sueño, señalan que puede ser necesario combinar la actividad física con otras estrategias, como una adecuada higiene del sueño, el manejo del estrés o los tratamientos indicados por un profesional de la salud.
Además del ejercicio, la nota menciona otros abordajes que pueden contribuir a afrontar esta etapa, entre ellos la reestructuración cognitiva para modificar pensamientos negativos sobre los síntomas, estrategias conductuales para incorporar hábitos saludables y la psicoeducación, que brinda información sobre los cambios propios de la menopausia para reducir la incertidumbre y el miedo.
En base a El Tiempo/GDA