Un codazo. Un choque de cabezas. Una caída desafortunada. El jugador se lleva la mano a la boca, mira al suelo y aparece una escena capaz de generar pánico incluso en los más tranquilos: un diente está fuera de su lugar.
En medio del nerviosismo, suele pasar lo mismo. Alguien busca hielo. Otro pregunta si hay sangre. Alguien más intenta “limpiar” el diente con agua y jabón. Y, mientras tanto, el tiempo corre. Porque cuando un diente permanente sale completamente de la boca, lo que ocurra durante los siguientes minutos puede cambiar el final de la historia.
Aunque asociemos estas imágenes a un Mundial o a deportistas profesionales, la realidad es que son mucho más frecuentes de lo que creemos. Pueden ocurrir en un partido de fútbol infantil, en una clase de educación física, andando en bicicleta o jugando en una plaza. Por eso, saber cómo actuar puede salvar una sonrisa.
El accidente que nadie espera
Las lesiones dentales forman parte del deporte. En disciplinas de contacto, como el rugby o el boxeo, el riesgo es evidente. Pero en deportes como el fútbol, donde millones de personas juegan cada semana sin protección específica, los traumatismos también ocurren.
El término técnico es “avulsión dental”: significa que el diente salió completamente del hueso y de la encía. La buena noticia es que, en muchos casos, puede salvarse. La mala es que el tiempo importa mucho.
Existe una ventana crítica en la que las probabilidades de éxito son significativamente mayores. Cuanto antes vuelva ese diente a su lugar, mejores son las posibilidades de que pueda mantenerse funcional a largo plazo. Por eso, el primer consejo suele sorprender: no hay que entrar en pánico, hay que actuar.
Lo primero: encontrar el diente
Puede parecer obvio, pero en medio del caos no siempre sucede. Una vez localizado, hay una regla fundamental: tomarlo por la corona (es decir, por la parte visible del diente, la que normalmente vemos cuando alguien sonríe) y nunca por la raíz.
¿Por qué? Porque la superficie de la raíz contiene células extremadamente delicadas que son esenciales para intentar conservar el diente. Manipularlas o rasparlas puede disminuir las posibilidades de éxito.
Muchas personas, con la mejor intención del mundo, intentan limpiar el diente frotándolo. Lo cepillan, lo desinfectan y le sacan cualquier resto adherido. Ese gesto, que parece lógico, puede ser contraproducente.
Si el diente está sucio, debe enjuagarse suavemente durante unos segundos con agua (o, mejor aún, con solución fisiológica). Sin cepillarlo, sin rasparlo, sin utilizar alcohol ni productos desinfectantes. Después, hay que actuar rápido.
¿Se puede volver a colocar un diente perdido?
La respuesta es sí. Y es probablemente la parte más desconocida de toda esta situación. Si se trata de un diente permanente y las condiciones lo permiten, puede intentarse reinsertarlo cuidadosamente en su lugar original, manteniéndolo estable hasta recibir atención odontológica inmediata.
Por supuesto, esto debe hacerse solo si la persona está consciente, colaboradora y no existe riesgo de aspiración. Si no es posible o genera demasiada inseguridad, hay otra alternativa.
¿Dónde guardar el diente? El peor lugar es una servilleta seca, porque las células comienzan a deteriorarse rápidamente fuera de un ambiente húmedo. Si no puede recolocarse, lo ideal es conservarlo en leche fría, agua natural fresca o solución fisiológica.
En algunas circunstancias, incluso puede mantenerse dentro de la boca, entre la mejilla y la encía, siempre que la persona sea mayor, esté consciente y no exista riesgo de tragárselo. Después, hay que acudir inmediatamente al odontólogo o a un servicio de urgencia.
¿Y si es un diente de leche? Aquí la conducta cambia. Los dientes temporarios generalmente no deben reimplantarse, porque existe riesgo de afectar el desarrollo del diente permanente que está formándose. Por eso, ante cualquier traumatismo en niños pequeños, la evaluación profesional sigue siendo indispensable, pero el manejo inicial es diferente.
El Mundial y la vida real
Cada cuatro años vemos repeticiones de choques espectaculares, cortes y golpes que parecen sacados de una película. Pero la mayoría de estas historias no ocurren frente a millones de espectadores, sino en una cancha del barrio, en el recreo del colegio o en un campeonato amateur. Y ahí, generalmente, no hay un equipo médico esperando al costado. Hay padres, amigos, entrenadores o compañeros que intentan ayudar haciendo lo mejor que pueden. Por eso, conocer estos pasos puede marcar una diferencia enorme.
Aunque ningún deporte está libre de accidentes, algunas medidas reducen considerablemente el riesgo. Los protectores bucales personalizados, especialmente en disciplinas de mayor contacto, ayudan a disminuir fracturas dentales y lesiones en tejidos blandos. Cada vez más deportistas los incorporan como parte de su equipamiento habitual.
Hay conocimientos que uno espera no tener que usar nunca. Saber qué hacer cuando un diente sale de la boca probablemente pertenezca a esa lista. Pero, si ese momento llega, la diferencia entre perderlo para siempre o darle una segunda oportunidad puede depender de algo muy simple: de que alguien, al costado de una cancha cualquiera, conserve la calma, levante ese diente del suelo, y sepa qué hacer durante los minutos más importantes de toda la jugada.
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