El ruido del tránsito, los aviones o las grandes ciudades suele asumirse como parte de la vida cotidiana. Sin embargo, especialistas en acústica advierten que la exposición prolongada a niveles elevados de ruido puede afectar la salud, especialmente en niños, personas mayores y quienes padecen determinadas enfermedades.
Jesús Alba, catedrático de Física Aplicada y experto en acústica de la Universidad Politécnica de Valencia, sostiene que el ruido es un contaminante al que todavía no se le presta la atención que merece. Aunque la Organización Mundial de la Salud (OMS) lo reconoce como un factor que puede perjudicar la salud, considera que aún falta conciencia sobre sus efectos.
Alba define al ruido como un "agresor invisible", ya que muchas personas se acostumbran a convivir con él sin percibir el impacto que puede tener sobre el organismo. Según el especialista, la exposición continua al ruido puede afectar especialmente a los grupos más vulnerables, como niños, adultos mayores y personas con enfermedades que comprometen el sistema nervioso o locomotor.
Uno de los aspectos que más preocupa a los expertos es el efecto del ruido sobre el desarrollo de los niños. Alba explica que los centros educativos ubicados cerca de carreteras con mucho tránsito, aeropuertos o zonas con transporte pesado suelen registrar niveles elevados de ruido ambiental.
Diversos estudios han observado que esta exposición puede dificultar la concentración, retrasar el aprendizaje de la lectura e incluso influir en el comportamiento infantil. El especialista señala que, aunque las personas puedan acostumbrarse al ruido, el organismo continúa percibiéndolo como un factor de estrés, lo que mantiene al cuerpo en un estado de alerta constante.
La Organización Mundial de la Salud establece recomendaciones sobre los niveles de ruido considerados adecuados según el contexto. Para dormir, Alba recuerda que lo ideal es no superar los 30 decibeles. Según explica:
- A partir de 55 decibeles comienzan a aparecer molestias.
- Con 65 decibeles ya resulta difícil mantener una conversación normal.
- Desde los 80 decibeles, la exposición prolongada puede representar un riesgo para la salud.
- Con 85 decibeles, en los ambientes laborales suele ser obligatorio utilizar protección auditiva.
Aunque reconoce que no siempre es posible cambiar la ubicación de los colegios, Alba señala que existen diversas estrategias para disminuir la contaminación acústica. Entre ellas, destaca:
- Reducir la velocidad del tránsito, especialmente en las inmediaciones de los centros educativos.
- Incorporar barreras vegetales que ayuden a amortiguar parte del ruido.
- Utilizar pavimentos diseñados para disminuir el sonido generado por el contacto de los vehículos con el asfalto.
- Mejorar el aislamiento acústico de escuelas y patios.
El especialista recuerda que, aunque los vehículos eléctricos producen menos ruido de motor, el contacto de los neumáticos con el pavimento continúa siendo una fuente importante de contaminación sonora.
Alba considera que todavía existe poca conciencia sobre el impacto del ruido ambiental en la salud. Mientras que el ruido generado por actividades recreativas suele generar reclamos vecinales, el provocado por carreteras, aeropuertos o transporte pesado muchas veces pasa desapercibido, pese a que afecta a miles de personas todos los días.
Por ello, insiste en la necesidad de impulsar políticas públicas para reducir la contaminación acústica y de fomentar una mayor sensibilización social sobre un problema que, aunque no siempre se vea, puede tener consecuencias importantes para la salud y el bienestar.
Con base en El Tiempo/GDA
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