Dolor en el pecho y falta de aire: las señales que confunden un ataque de pánico con un problema cardíaco

Aunque las palpitaciones y la opresión torácica aparecen en ambos cuadros, los médicos advierten por qué nunca hay que asumir que es solo ansiedad y cuándo pedir asistencia inmediata.

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Foto: Commons.

Dolor en el pecho, palpitaciones, falta de aire, mareos y náuseas pueden aparecer tanto durante un ataque de pánico como frente a un problema cardiovascular. Los especialistas advierten que existen algunas diferencias que pueden orientar, pero que determinados síntomas requieren asistencia médica aunque la persona tenga antecedentes de ansiedad.

Un ataque de pánico y una urgencia cardíaca pueden tener manifestaciones tan parecidas que, en determinadas circunstancias, resulta difícil distinguirlos únicamente por los síntomas. Palpitaciones, dolor o presión en el pecho, dificultad para respirar, sudoración, mareos y náuseas pueden aparecer en ambos cuadros.

El Instituto Nacional de Salud Mental de Estados Unidos (NIMH) señala que los ataques de pánico pueden provocar latidos rápidos, dificultades para respirar y dolor torácico, entre otras manifestaciones físicas, hasta el punto de que la persona puede sentir que está sufriendo un ataque cardíaco.

La similitud plantea un problema adicional: atribuir demasiado rápidamente los síntomas a la ansiedad puede retrasar la consulta frente a una verdadera emergencia cardiovascular. “Cuando aparece dolor en el pecho acompañado de falta de aire, sudoración, mareos u otros síntomas, no corresponde partir de la base de que se trata de ansiedad. Primero hay que evaluar al paciente y descartar las causas potencialmente graves”, explicó Carlos Montoya, médico gerente asistencial de UCM Falck.

Síntomas que se superponen

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Hombre teniendo un ataque de pánico

Los ataques de pánico se caracterizan por la aparición repentina de miedo o malestar intenso, incluso cuando no existe una amenaza evidente. Pueden incluir palpitaciones, temblores, sudoración, hiperventilación o sensación de falta de aire, debilidad, mareos, hormigueos, dolor en el pecho y náuseas. A eso se agrega con frecuencia una sensación muy característica: miedo a perder el control, a morir o a que esté ocurriendo algo grave.

El trastorno de pánico suele comenzar hacia el final de la adolescencia o durante los primeros años de la adultez y es más frecuente en mujeres. Una urgencia coronaria puede presentar, sin embargo, varias de las mismas manifestaciones. Entre las señales habituales de un infarto están la presión, opresión o dolor en el centro del pecho, la dificultad para respirar, la sudoración fría, las náuseas y los mareos.

El dolor también puede extenderse a uno o ambos brazos, la espalda, el cuello, la mandíbula o la zona del estómago. La presencia de determinados antecedentes aumenta, además, la sospecha de un origen cardiovascular. “Los síntomas de origen cardíaco son más frecuentes en personas con antecedentes personales o familiares de enfermedad coronaria o diabetes”, señaló Montoya.

A esos antecedentes se suman otros factores de riesgo cardiovascular conocidos, como la hipertensión arterial, el colesterol elevado y el tabaquismo. Su ausencia, sin embargo, no permite por sí sola descartar un problema cardíaco. La superposición explica por qué no existe una regla doméstica que permita establecer con certeza el diagnóstico.

"“Que una persona pueda seguir hablando, caminando o que el dolor sea tolerable no significa que podamos descartar un problema cardiovascular" - Carlos Montoya, médico.

No todos los infartos comienzan con un dolor intenso

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Foto: Freerange.

Otro elemento que puede inducir a error es la forma en que comienzan los problemas cardíacos. La imagen más conocida del infarto es la de un dolor súbito e insoportable. Pero no siempre ocurre de esa manera. La American Heart Association advierte que algunos episodios comienzan lentamente, con dolor o molestias leves, y que los síntomas pueden desaparecer y posteriormente regresar.

El malestar persistente o recurrente en el centro del pecho, especialmente cuando se siente como presión u opresión, es por ese motivo una de las señales que requieren atención. La intensidad del dolor, por sí sola, tampoco permite descartar una urgencia cardíaca. “Que una persona pueda seguir hablando, caminando o que el dolor sea tolerable no significa que podamos descartar un problema cardiovascular. La evaluación se realiza tomando en cuenta el conjunto de los síntomas, los antecedentes y, cuando corresponde, los estudios clínicos”, explicó.

Qué puede orientar hacia un ataque de pánico

En un ataque de pánico suele existir una aparición brusca de miedo muy intenso o sensación de pérdida de control. El NIMH señala que estos episodios pueden comenzar incluso sin que exista un peligro real o un desencadenante evidente y que sus manifestaciones físicas pueden mantenerse durante varios minutos y, en algunos casos, durante más tiempo.

Una vez descartadas las causas médicas, la recurrencia de episodios semejantes acompañados por temor intenso puede orientar al diagnóstico.
Sin embargo, haber recibido previamente un diagnóstico de trastorno de pánico no funciona como garantía frente a otros problemas.
Ese antecedente, por lo tanto, puede aportar información al médico, pero no debería utilizarse para descartar automáticamente una causa cardiovascular.

Cuándo pedir asistencia

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Ambulancia.
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La recomendación cambia particularmente cuando aparece una molestia en el pecho que dura varios minutos, desaparece y vuelve, o se acompaña de falta de aire, sudor frío, mareos, náuseas o dolor que se irradia hacia brazos, espalda, cuello o mandíbula. También requiere especial atención un episodio que aparece por primera vez o que tiene características diferentes a las que la persona reconoce de crisis anteriores.

“Frente a la duda entre un ataque de pánico y una posible urgencia cardíaca, la conducta más segura es consultar. En una emergencia cardiovascular, el tiempo importa. Es preferible evaluar un episodio que finalmente no resulte grave que demorar una asistencia que era necesaria”, sostuvo Montoya.

El problema tiene particular relevancia en Uruguay. Según los datos del Ministerio de Salud Pública correspondientes a 2024, las enfermedades cardiovasculares provocaron 8.397 fallecimientos y representaron el 23,3% de las muertes registradas en el país. La cifra equivale a unas 23 muertes diarias y mantiene a las enfermedades cardiovasculares entre las principales causas de muerte de la población uruguaya.

Cuando los síntomas no son los esperados

Las manifestaciones de un infarto tampoco son idénticas en todas las personas. El dolor o malestar torácico sigue siendo el síntoma más frecuente, pero pueden presentarse además falta de aire, náuseas, vómitos, dolor en la espalda, el hombro, el brazo o la mandíbula, cansancio inusual y debilidad. En las mujeres, algunas de estas manifestaciones pueden adquirir mayor protagonismo, lo que aumenta el riesgo de interpretar inicialmente el cuadro como un problema digestivo, estrés o ansiedad.

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