Tomar varios medicamentos al mismo tiempo no significa necesariamente que una persona vaya a sufrir daño renal o hepático. Sin embargo, determinados fármacos pueden aumentar el riesgo de afectar los riñones o el hígado cuando se utilizan en dosis elevadas o durante períodos prolongados. La posibilidad también puede ser mayor en personas mayores, pacientes con enfermedades previas o quienes atraviesan episodios de deshidratación.
El tipo de medicamento, la dosis, el tiempo de tratamiento y las características de cada persona son algunos de los factores que deben tenerse en cuenta. El farmacólogo clínico Pedro Zapater, presidente de la Sociedad Española de Farmacología Clínica, explica cuáles son algunos de los medicamentos que requieren mayor precaución y qué síntomas de alerta conviene conocer.
Qué función cumplen los riñones y el hígado frente a los medicamentos
El hígado puede compararse con un laboratorio del organismo: allí los medicamentos son transformados químicamente, un proceso conocido como metabolización, que facilita posteriormente su eliminación.
Los riñones, en cambio, funcionan como un filtro de la sangre y permiten eliminar a través de la orina distintos compuestos y productos derivados del metabolismo de los medicamentos.
Esta participación en el procesamiento y la eliminación de los fármacos hace que las células del hígado y los riñones estén expuestas a ellos durante más tiempo que las de otros órganos. Por ese motivo, algunos medicamentos pueden provocar toxicidad renal o hepática en determinadas circunstancias.
Ibuprofeno y otros antiinflamatorios: cuándo aumenta el riesgo renal
Entre los medicamentos de uso frecuente que requieren especial atención se encuentran algunos antiinflamatorios no esteroideos (AINE), como el ibuprofeno, el naproxeno y el dexketoprofeno.
El riesgo de daño renal puede aumentar cuando estos medicamentos se utilizan durante períodos prolongados o en dosis elevadas, especialmente entre las personas mayores. También es necesario extremar las precauciones cuando existen enfermedades renales previas, cirrosis o una función renal alterada por situaciones como la deshidratación. En estos casos, el tratamiento puede requerir un control médico más estrecho y, dependiendo de la situación clínica, el profesional puede valorar otras alternativas.
Paracetamol: el principal riesgo está en el hígado
El paracetamol presenta un perfil diferente. Su principal preocupación está relacionada con el hígado, especialmente cuando se supera la dosis recomendada. El riesgo de toxicidad hepática aumenta con dosis elevadas y puede ser mayor en determinadas circunstancias, como la desnutrición o el consumo de alcohol. Por eso es importante respetar las indicaciones de dosis y evitar combinar productos que contengan paracetamol sin comprobar previamente sus componentes.
Además de estos fármacos, algunos antibióticos, medicamentos utilizados para tratar la hipertensión arterial y determinados antifúngicos pueden asociarse con efectos adversos sobre los riñones o el hígado. La vigilancia debe ser especialmente cuidadosa en personas mayores, embarazadas, niños y pacientes que ya presentan enfermedades renales o hepáticas.
Deshidratación e ibuprofeno: por qué el calor puede aumentar el riesgo renal
Las altas temperaturas pueden sumar otro factor de riesgo cuando provocan deshidratación. Esta situación merece especial atención en las personas mayores, ya que con la edad pueden modificarse los mecanismos relacionados con la sensación de sed. Cuando el organismo pierde una cantidad importante de líquidos, disminuye el volumen de sangre que llega a distintos órganos, entre ellos los riñones. En ese contexto, el uso de un antiinflamatorio como el ibuprofeno puede reducir todavía más el flujo sanguíneo renal y aumentar el riesgo de una lesión renal aguda.
Por eso, ante situaciones de calor intenso, vómitos, diarrea u otras circunstancias que favorezcan la pérdida de líquidos, es importante prestar especial atención a la hidratación y consultar al profesional de salud sobre los medicamentos que se están utilizando.
Cómo proteger los riñones y el hígado cuando se toman medicamentos
Una de las principales recomendaciones es evitar la automedicación y respetar los controles indicados por el médico. Las consultas y los análisis pueden permitir detectar alteraciones y, cuando sea necesario, ajustar las dosis o modificar un tratamiento.
También es importante informar al profesional sobre todos los productos que se consumen, incluidos otros medicamentos, suplementos y productos naturales. Algunos pueden generar interacciones o modificar los efectos de determinados fármacos.
Llevar un registro actualizado de los medicamentos utilizados puede ser especialmente útil cuando una persona toma varios tratamientos de manera simultánea.
Síntomas de alerta que pueden indicar un problema renal o hepático
Durante un tratamiento farmacológico, determinados cambios requieren valoración médica. Entre las señales que pueden indicar una alteración se encuentran:
- Orina muy oscura, similar al color del té o de un refresco de cola.
- Una disminución importante de la cantidad de orina.
- Hinchazón de los tobillos o las piernas.
- Cansancio persistente.
- Náuseas.
- Coloración amarillenta de la piel o los ojos, conocida como ictericia.
Ante síntomas de este tipo, especialmente si aparecen durante un tratamiento nuevo o después de un cambio de dosis, es importante consultar con un profesional para determinar la causa y valorar si puede existir una relación con alguno de los medicamentos.
Tomar varios medicamentos no significa necesariamente sufrir un daño
La cantidad de medicamentos que una persona toma no determina por sí sola que vaya a desarrollar daño renal o hepático. El riesgo depende de múltiples factores, entre ellos el tipo de fármaco, la dosis, la duración del tratamiento, la edad, el nivel de hidratación y las enfermedades previas.
Por eso, la clave no está en suspender medicamentos por cuenta propia, sino en utilizarlos según las indicaciones correspondientes y mantener una supervisión médica adecuada, especialmente cuando existen factores que pueden aumentar el riesgo.