Mantener la presión arterial ideal por debajo de 120/80 mmHg es la principal recomendación desde la medicina, para adultos de todas las edades. La American Heart Association advierte que superar ese umbral aumenta el riesgo cardiovascular y renal y eleva la probabilidad de eventos como infarto y ACV, con impacto creciente en jóvenes y adultos.
La presión arterial mide la fuerza de la sangre contra las paredes de las arterias. El valor superior, o presión sistólica, refleja la presión cuando el corazón late, mientras que el inferior, o presión diastólica, indica la presión entre latidos.
Qué significan los valores de la presión sistólica y diastólica
Los rangos de los valores de la presión arterial se consideran:
- Normal: por debajo de 120/80 mmHg
- Elevada: entre 120-129 mmHg, con diastólica menor a 80
- Hipertensión estadio 1: entre 130-139 o 80-89
- Hipertensión estadio 2: a partir de 140/90 mmHg.
Estas categorías orientan tanto el diagnóstico como las decisiones de tratamiento. Superar los niveles normales incrementa el riesgo de enfermedad cardiovascular, especialmente cuando se combinan factores como obesidad, diabetes, tabaquismo o sedentarismo.
Presión arterial ideal según la edad y etapas de la vida
Aunque el objetivo de 120/80 mmHg se mantiene para adultos, las recomendaciones varían según la edad y las condiciones clínicas:
- En niños menores de 13 años, los valores normales dependen de la edad, el sexo y la estatura, y se evalúan mediante percentiles. En términos generales, pueden ir desde 98/52 mmHg en el primer año, hasta 114/75 mmHg a los 12 años.
- Para adolescentes desde los 13 años, se aplican los mismos criterios que en adultos.
- En adultos jóvenes, las recomendaciones sugieren iniciar tratamiento farmacológico cuando la presión se mantiene en 140/90 mmHg o más. Además, en menores de 40 años se aconseja investigar causas secundarias, como trastornos renales o endocrinos.
- En adultos mayores, los objetivos son más individualizados. Una lectura cercana a 130/80 mmHg suele considerarse adecuada, mientras que valores persistentes por encima de 140/90 requieren evaluación médica.
La importancia de medir la presión en la prevención del riesgo cardiovascular
Investigadores del Hospital General de Massachusetts Brigham concluyeron que apuntar a una presión sistólica menor de 120 mmHg reduce de forma más efectiva el riesgo de infarto, ACV e insuficiencia cardíaca.
Los especialistas coinciden en que los hábitos de vida cumplen un rol central en la prevención de la hipertensión arterial. Una alimentación con bajo contenido de sodio y rica en potasio, junto con actividad física regular, puede disminuir significativamente los niveles de presión.
También influyen factores como el consumo de alcohol, el tabaquismo y el sobrepeso. El control periódico es clave para detectar alteraciones de forma temprana y evitar complicaciones.
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