Para muchas personas, la mañana no arranca solo con el sonido del despertador. También aparecen los crujidos en las rodillas, la sensación de rigidez matutina o el dolor lumbar al levantarse de la cama. Esa dificultad inicial para moverse suele durar pocos minutos, pero cuando se extiende en el tiempo merece atención.
Los especialistas describen la rigidez matinal como una sensación de pesadez articular y limitación del movimiento tras el descanso nocturno o luego de estar mucho tiempo sin actividad. En la mayoría de los casos es pasajera y mejora a medida que el cuerpo entra en calor con el movimiento.
Cuando la rigidez deja de ser normal
Según advierten desde el Centro Médico Melián, si la rigidez matutina supera los 60 minutos de forma persistente, puede ser una señal temprana de enfermedades articulares como la artritis reumatoide, la osteoartritis u otros cuadros inflamatorios. En esos casos, la consulta médica es clave para un diagnóstico oportuno.
De todos modos, no todo crujido ni molestia implica una patología. Con el paso de los años, los cambios fisiológicos, el sedentarismo o ciertas rutinas diarias pueden intensificar estas sensaciones sin que exista una lesión de fondo.
Qué pasa en el cuerpo mientras dormimos
Un informe difundido por The Times explica que durante la noche disminuye la circulación del líquido sinovial, encargado de lubricar las articulaciones. A eso se suma la inactividad prolongada y la tensión muscular acumulada en tendones y ligamentos, especialmente en la zona baja de la espalda.
El mismo relevamiento señala que una proporción significativa de adultos mayores presenta tensión lumbar al despertar y ruidos articulares en las rodillas, una realidad cada vez más común en sociedades con menor nivel de actividad física cotidiana.
Movimientos simples para arrancar mejor el día
La buena noticia es que la rigidez matutina suele mejorar con movimiento suave y ejercicio moderado. El quiropráctico Steven Winiger sugiere comenzar el día con respiración profunda, una práctica que ayuda a disminuir gradualmente los procesos inflamatorios y a relajar la musculatura.
En la misma línea, una publicación del Journal of Clinical Medicine destaca que inhalar lentamente por la nariz, contando hasta cuatro, favorece la reducción del dolor articular y mejora la movilidad inicial, al activar el abdomen y liberar tensiones.
Si eso no alcanza, los profesionales recomiendan ejercicios muy simples: llevar una rodilla al pecho durante unos segundos, realizar rotaciones suaves de cadera o movilizar tobillos y rodillas aún en la cama. Pequeños gestos que, sostenidos en el tiempo, pueden marcar una gran diferencia en la flexibilidad, el dolor lumbar y la calidad del arranque del día.
En base a El Tiempo/GDA
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