Cómo evitar la reducción de la capacidad cognitiva y física en la última década de vida, según expertos

Un médico sostiene que, para llegar a la “década marginal” con autonomía, es clave construir hábitos de salud desde antes: movimiento, bienestar emocional, vínculos sólidos y una buena salud metabólica.

Adultos mayores felices
Adultos mayores felices.
Foto: Freepik.

Redacción El País
Llegar a la vejez con buena capacidad cognitiva y plena funcionalidad física no depende del azar ni únicamente de la genética. Según especialistas en longevidad, la forma en que transitamos los últimos años está profundamente marcada por las decisiones tomadas desde décadas antes.

En tiempos donde más personas superan los 80 o incluso 90 años, el gran desafío pasa por hacerlo con lucidez, autonomía y energía.

La “década marginal”: cuando se ponen a prueba los hábitos

El médico Peter Attia, referente internacional en longevidad, explicó en una entrevista televisiva que los últimos diez años de vida conforman la llamada década marginal, una etapa donde el cuerpo y la mente reflejan, sin filtro, los hábitos acumulados con el paso del tiempo.

Attia advierte que, sin intervención ni cuidados continuos, las personas pueden perder hasta la mitad de su capacidad física y mental entre los 75 y 85 años, lo que dificulta realizar tareas cotidianas sin ayuda de terceros.

A nivel poblacional, asegura, se observa un descenso abrupto del equilibrio, la memoria, la fuerza y el tiempo de reacción, un fenómeno que considera evitable si se actúa a tiempo. Su objetivo es ayudar a los pacientes a “ganar velocidad de escape”, es decir, sumar 10 o 15 años más de vida independiente.

Familia, adultos mayores
Adultos mayores felices con su hija.
Foto: Freepik.

Cuatro pilares para llegar mejor a la vejez

Aunque quienes superan los 100 años suelen tener una genética favorable, Attia destaca que el envejecimiento saludable depende en mayor medida de lo que hacemos todos los días. Para él, hay cuatro dimensiones clave en las que trabajar:

  • Fuerza y movilidad: El entrenamiento de fuerza es una de las herramientas más eficaces para prevenir el deterioro muscular y mejorar la funcionalidad diaria. Mantenerse activo reduce riesgos de caídas, fracturas y dependencia.
  • Salud metabólica: Priorizar una dieta equilibrada, mantener un peso adecuado y controlar el azúcar en sangre son medidas esenciales para proteger el organismo en el largo plazo.
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Foto: Freepik.

  • Conexiones sociales: El aislamiento tiene impactos similares al consumo excesivo de alcohol o al tabaquismo. Mantener vínculos sólidos y compartir actividades prolonga la vida y mejora la salud mental.
  • Bienestar emocional: La estabilidad afectiva, el manejo del estrés y una vida emocional satisfactoria repercuten directamente en el cuerpo, la inmunidad y las capacidades cognitivas.

Attia sostiene que, lejos de bajar los brazos, las personas mayores deberían enfocarse en lo que sí pueden mejorar. Para él, la meta no es sólo vivir más años, sino aumentar la “esperanza de vida saludable”: esos años en los que todavía es posible disfrutar, moverse sin limitaciones, pensar con claridad y sostener una vida plena y autónoma.

En base a La Nación/GDA

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