Redacción El País
La idea de que un busto grande influye en el dolor cervical, dorsal o de hombros es casi un mito instalado en la conversación cotidiana. Sin embargo, cuando se revisa la evidencia científica más reciente, la respuesta rara vez es tan simple: no existe una relación directa y universal, pero sí un conjunto de factores que, combinados, pueden convertir al pecho voluminoso en una carga difícil de sostener si la musculatura de la espalda no acompaña.
Francisco M. Kovacs, director médico de la Unidad de la Espalda Kovacs en el Hospital HLA Universitario Moncloa (España), explica que hasta ahora no se ha encontrado una prueba concluyente de que el tamaño del pecho, por sí mismo, sea responsable del dolor. Lo que sí se sabe es que la biomecánica del cuerpo cambia cuando la parte frontal pesa más de la cuenta y la musculatura posterior no logra compensar ese esfuerzo.
Cuando el peso altera la postura
Los especialistas suelen describir un mismo patrón: el pecho tira ligeramente hacia adelante y la espalda reacciona tensándose para mantener la verticalidad. Con el tiempo, esa respuesta se traduce en contracturas, fatiga muscular y una postura inclinada que puede pasar desapercibida hasta que el dolor se vuelve constante.
Estudios internacionales observan esta tendencia en mujeres que usan copas DD o superiores, aunque los expertos insisten en que no se trata de una regla rígida: cada cuerpo distribuye el peso de manera distinta.
A esto se suman factores cotidianos que amplifican la molestia: largas horas frente a la computadora, el estrés que endurece la zona cervical, la falta de actividad física o incluso un sujetador inadecuado que reparte mal el peso. Cuando esas tensiones se acumulan durante meses o años, la recuperación suele ser lenta.
Un dato poco conocido es que el verdadero soporte no proviene de los tirantes, sino de la banda inferior. Si esa banda no ajusta bien, la carga cae sobre los hombros y termina presionando el trapecio, una de las zonas más sensibles a las contracturas.
Los especialistas recomiendan optar por:
- Tirantes anchos, que no corten la piel.
- Estructuras que distribuyan el peso de manera pareja.
- Sujetadores deportivos en casos de pecho muy voluminoso, porque mantienen la carga más estable y cerca del cuerpo.
Ejercicio: fuerza, constancia y movimiento
La recomendación científica más clara es fortalecer. Una espalda fuerte amortigua mejor la carga, corrige la postura y disminuye la intensidad de las molestias. Kovacs recalca que el movimiento es más efectivo que el reposo: quedarse quieta prolonga el dolor.
Las rutinas ideales incluyen fuerza dos o tres veces por semana, sumadas a ejercicios de resistencia y coordinación. Para las mujeres en menopausia, este entrenamiento es especialmente importante debido a la pérdida natural de masa muscular y ósea.
¿Cuándo considerar una cirugía de reducción?
La reducción mamaria aparece como una opción cuando el dolor es persistente y condiciona la vida diaria. Aun así, los especialistas coinciden en que no debe ser el primer paso. Solo se evalúa después de un proceso serio de fortalecimiento, fisioterapia y ajuste postural.
Cuando está bien indicada, la cirugía puede mejorar la postura y reducir el dolor, aunque son pocas las mujeres que realmente necesitan llegar a ese punto.
No hay que normalizar un dolor que interfiere con el día a día. Entre soporte adecuado, actividad física y una evaluación médica personalizada, es posible recuperar comodidad, estabilidad y una postura más saludable. Cada cuerpo responde de manera distinta, y encontrar qué necesita cada mujer es parte esencial del proceso.
En base a El Tiempo/GDA