Redacción El País
La flacidez en la zona posterior de los brazos es conocida popularmente como “alas de murciélago”. Se trata de ese movimiento suelto que aparece cuando la piel pierde firmeza y el músculo del tríceps deja de sostener con la misma fuerza.
Si bien es frecuente después de los 40 años, también puede manifestarse antes, especialmente cuando disminuye la actividad física o se acumula grasa con mayor facilidad.
Esa pérdida de tonicidad suele notarse desde la axila hasta el codo y se vuelve más evidente al levantar los brazos. No se trata de un problema de salud, sino de una incomodidad estética común.
La buena noticia es que, con constancia y pequeños cambios en la rutina diaria, es posible recuperar firmeza sin necesidad de entrenamientos avanzados ni equipamiento específico.
El tríceps es el músculo que define la parte interna del brazo y trabajarlo de forma regular modifica visiblemente su apariencia. Para empezar no se requiere mucho: una silla firme, una botella de agua o el propio peso corporal son suficientes para activar el músculo.
Entre los ejercicios más efectivos están los fondos en silla. Sentarse al borde, apoyar las manos a cada lado y deslizar el cuerpo hacia adelante permite bajar lentamente hasta que los codos se acerquen a un ángulo de 90 grados. Al extender nuevamente los brazos, el tríceps trabaja de forma directa. Realizar tres series de diez a doce repeticiones genera avances visibles con el paso del tiempo.
Otra alternativa es la flexión de brazos con apoyo en las rodillas, una variante que aporta mayor estabilidad y facilita mantener una buena técnica. En este caso, el movimiento se centra en bajar el pecho y subir controlando que los codos permanezcan cercanos al torso, concentrando el esfuerzo en la parte posterior del brazo.
También es posible trabajar el tríceps levantando una botella de agua por encima de la cabeza y flexionando los codos para llevarla detrás de la nuca. Al estirar nuevamente los brazos, el músculo se fortalece y se alarga. La intensidad puede ajustarse fácilmente cambiando el peso de la botella.
Más allá del ejercicio, hay otros factores que influyen en la firmeza de los brazos. Una alimentación con consumo regular de proteínas favorece la reconstrucción muscular, mientras que frutas y verduras ricas en vitaminas y antioxidantes ayudan a mantener la elasticidad de la piel. La hidratación diaria cumple un rol clave para conservarla más resistente y luminosa.
Algunos hábitos cotidianos también suman. Proteger la piel del sol evita su deterioro prematuro, dejar el tabaco contribuye a su mejor aspecto y el uso de cremas reafirmantes puede ayudar a mejorar la textura, aunque no reemplaza al trabajo físico.
Cuando la flacidez es más marcada, existen procedimientos no invasivos que pueden acompañar el proceso, como la mesoterapia, la electroestimulación o el láser. En casos más complejos, un especialista es quien evalúa opciones como la liposucción o la braquioplastia.
La clave, en todos los casos, es la constancia. Sostener estos ejercicios varias veces por semana y acompañarlos de buenos hábitos en el tiempo permite lograr cambios reales. Incluso desde casa, una rutina simple puede ser el primer paso para conseguir brazos más firmes y definidos.
En base a El Tiempo/GDA