Aunque suelen confundirse, yogur y kéfir no son lo mismo. Ambos son fermentados con probióticos, pero difieren en su elaboración, textura, sabor y beneficios nutricionales.
La diferencia entre yogur y kéfir genera dudas frecuentes, ya que ambos son productos lácteos fermentados asociados a una alimentación saludable. Sin embargo, aunque comparten la presencia de probióticos, presentan características que los distinguen claramente en su proceso de elaboración, su composición y sus propiedades.
El kéfir se elabora a partir de una mezcla compleja de bacterias y levaduras —entre ellas Lactobacillus kefiranofaciens, Lactococcus lactis, especies de Leuconostoc y Saccharomyces— lo que da lugar a una fermentación más activa. Esto explica su sabor ligeramente ácido y la posible presencia de burbujas. Además, suele tener una consistencia más líquida, con tendencia a separarse en suero y cuajada. También existe una versión de kéfir de agua, apta para personas intolerantes a la lactosa.
Desde el punto de vista nutricional, la nutricionista Karla Leal señala que el kéfir contiene compuestos que ayudan a descomponer la lactosa, lo que puede facilitar su digestión. También contribuye al equilibrio de la flora intestinal, favorece el crecimiento de bacterias beneficiosas y puede aportar beneficios para la piel. A su vez, contiene probióticos, biotina, folatos, kefiran, minerales como calcio, fósforo y magnesio, y vitaminas D y K2.
El yogur, en cambio, se elabora generalmente con dos bacterias principales: Lactobacillus bulgaricus y Streptococcus thermophilus. Su textura es más espesa y su sabor, más suave. Es una fuente de proteínas, fundamentales para la formación y contracción muscular. Algunos yogures con probióticos podrían contribuir a la salud intestinal y a la función cognitiva, aunque aún se requieren más estudios para confirmarlo.
Existen distintos tipos de yogur, como el natural, el líquido, el griego y el Skyr. Según Leal, las opciones más saludables suelen ser las menos procesadas y sin azúcares añadidos ni aromatizantes.
Aunque ambos alimentos comparten su carácter fermentado, sus diferencias en microorganismos, textura y perfil nutricional hacen que cada uno tenga características propias.
En base a El Universal/GDA
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