¿Lavas los huevos antes de guardarlos? 5 mitos y errores comunes que deberías desterrar hoy mismo

¿Blanco o colorado? ¿Crudo o cocido? Desarmamos las creencias erróneas sobre el huevo, desde el miedo al colesterol hasta el peligro de lavar la cáscara. Todo lo que tenés que saber para tu salud.

Huevos.
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Foto: Unsplash

El huevo es uno de los alimentos más presentes en la alimentación diaria, pero también uno de los más rodeados de creencias erróneas.

Desde su impacto en el colesterol, hasta la costumbre de comerlo crudo o lavar la cáscara antes de guardarlo, los mitos siguen circulando. Con respaldo en evidencia científica y recomendaciones de expertos en nutrición e inocuidad alimentaria, distintas publicaciones especializadas advierten qué prácticas conviene desterrar para cuidar la salud.

Huevo y colesterol: una relación mal entendida

Durante años se repitió que el huevo elevaba el colesterol en sangre. Sin embargo, hoy se sabe que esta afirmación no se sostiene en la mayoría de los casos. Si bien aporta colesterol dietario, su consumo moderado no genera aumentos significativos en los niveles sanguíneos en personas sanas.

El perfil de grasas saludables que contiene —con predominio de grasas insaturadas— resulta incluso protector. Los especialistas señalan que el verdadero impacto negativo proviene del exceso de grasas saturadas y trans, habituales en productos ultraprocesados, y no del huevo en sí.

Color del cascarón: una diferencia solo estética

Otro mito muy extendido es que los huevos de cáscara oscura son más nutritivos que los blancos. En realidad, el color del cascarón depende exclusivamente de la raza de la gallina.

No hay diferencias en valor nutricional, sabor ni calidad entre un huevo blanco y uno rojo del mismo tamaño. Ambos aportan la misma cantidad de proteínas, vitaminas y minerales, por lo que la elección suele responder más a costumbres o precios que a criterios de salud.

Huevo, huevos

Huevo crudo: menos nutrientes y más riesgo

Consumir huevo crudo es una práctica que los expertos desaconsejan. La clara cruda se digiere peor y reduce la absorción de nutrientes clave, como la biotina.

Además, aumenta el riesgo de infección por Salmonella, una bacteria que puede provocar cuadros gastrointestinales severos. La cocción adecuada no solo elimina este riesgo, sino que mejora la biodisponibilidad de varios nutrientes esenciales.

¿Lavar o no lavar la cáscara antes de guardarlo?

Lavar el huevo antes de refrigerarlo es otro error frecuente. El cascarón posee una capa natural —la cutícula— que actúa como barrera frente a bacterias.

Al lavarlo con agua, esa protección se pierde y, si el huevo queda húmedo, se facilita la entrada de microorganismos. La recomendación es clara: si tiene suciedad visible, conviene limpiarlo con un paño seco justo antes de usarlo, no al momento de guardarlo.

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Foto: Unsplash.

¿Solo claras? Un recorte innecesario

También es un mito que sea mejor consumir únicamente la clara de huevo. Si bien aporta proteínas, la yema concentra la mayor parte de las vitaminas A, D, E y K, además de minerales como hierro y fósforo, grasas saludables y compuestos como la colina, clave para la salud cerebral y hepática.

Descartar la yema implica perder una porción sustancial del valor nutricional del alimento.

Un alimento completo, accesible y versátil

Más allá de los mitos, el huevo es una fuente de proteína de alto valor biológico, fundamental para la reparación y construcción de tejidos. Aporta antioxidantes como luteína y zeaxantina, asociados al cuidado de la salud ocular, y se adapta fácilmente a distintos estilos de alimentación.

Accesible, rendidor y fácil de preparar, sigue siendo un aliado clave en la cocina cotidiana cuando se consume de forma informada y segura.

En base a El Universal /GDA

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