En la actualidad, el principal reto de la alimentación infantil ya no pasa únicamente por la cantidad de comida que consumen los niños, sino por la calidad de los alimentos y los hábitos con los que se alimentan.
Según cifras de UNICEF, durante 2024 se registraron más de 23.000 casos de desnutrición aguda en menores de cinco años en el país. A esto se suma el acceso desigual a alimentos nutritivos y el cambio en los hábitos de consumo, factores que también han impulsado el aumento del sobrepeso infantil, generando un escenario complejo para la salud pública.
Las consecuencias de una mala alimentación ya son visibles en la vida cotidiana de muchos menores. La falta de una alimentación saludable puede provocar menor energía, dificultades de concentración y bajo rendimiento escolar, afectando directamente el desarrollo físico, emocional y cognitivo.
Para Yeny Cuellar, Coordinadora Académica de Pediatría del Centro Latinoamericano de Nutrición, mantener una alimentación equilibrada desde la infancia es fundamental para favorecer el crecimiento, el aprendizaje y el bienestar integral de niños y adolescentes.
Claves para mejorar la alimentación infantil
1. Mantener el equilibrio alimentario
El primer aspecto clave es el equilibrio alimentario. Más que recurrir a dietas restrictivas, los especialistas recomiendan incluir variedad de alimentos y porciones adecuadas en cada comida, integrando todos los grupos alimenticios.
Una estrategia práctica consiste en utilizar la mano del niño como referencia para medir las porciones. Los cereales, tubérculos y raíces como arroz, papa, yuca o plátano deberían equivaler al tamaño del puño. Las proteínas —como carne, pollo, pescado, huevo y legumbres— deben corresponder al tamaño de la palma de la mano. Las frutas también se calculan según el tamaño del puño, mientras que los vegetales equivalen a dos palmas si están crudos o a un puño cuando están cocidos.
2. No eliminar grupos de alimentos
El segundo punto importante es evitar excluir grupos alimenticios de la dieta. Cada alimento cumple funciones específicas dentro del organismo: algunos aportan energía, otros participan en el crecimiento y otros fortalecen el sistema inmunológico.
Una dieta poco variada puede reflejarse en señales como fatiga constante, problemas de crecimiento o bajo rendimiento académico. Por eso, mantener una dieta balanceada desde los primeros años es esencial para la salud presente y futura.
3. La importancia de los lácteos
Los lácteos representan una fuente importante de nutrientes esenciales como proteína, calcio, zinc y vitamina A, un nutriente que presenta niveles insuficientes en parte de la población infantil. Dentro de este grupo se encuentran alimentos como leche, yogur, kumis, kéfir y queso.
Además de contribuir a la formación de huesos fuertes, los lácteos favorecen el desarrollo del sistema inmune y el funcionamiento cerebral. Los especialistas sostienen que un consumo adecuado también puede asociarse con mejores niveles de concentración y organización en niños y adolescentes.
Las recomendaciones de consumo varían según la edad: entre los 2 y 5 años se sugieren dos porciones diarias; de 6 a 9 años, entre dos y tres porciones; de 10 a 13 años, alrededor de tres porciones; y entre los 14 y 17 años, unas tres porciones en mujeres y hasta cinco en hombres.
4. Crear hábitos saludables desde la infancia
Otro aspecto fundamental es la construcción de hábitos alimentarios saludables desde los primeros años de vida. Aunque muchas familias comienzan a preocuparse por la alimentación cuando los niños ingresan a la escuela, gran parte de esos hábitos ya se han formado antes de esa etapa.
Desde el embarazo y hasta aproximadamente los cinco años, los niños aprenden qué comer, cómo hacerlo y en qué horarios. En este proceso, la repetición juega un rol clave, ya que la aceptación de nuevos alimentos suele requerir múltiples intentos.
Entre los errores más frecuentes aparecen obligar a comer, usar la comida como premio, permitir pantallas durante las comidas o no establecer horarios regulares. Por el contrario, mantener rutinas, compartir momentos en familia y dar el ejemplo desde el hogar favorece la incorporación de hábitos saludables.
El rol de la familia en la alimentación infantil
La familia cumple un papel central en el desarrollo de los hábitos alimentarios. Aunque factores externos como la escuela, la publicidad o las redes sociales influyen en las elecciones de los menores, el hogar sigue siendo la principal referencia.
Lo que los niños comen depende en gran medida de los alimentos disponibles en casa y de lo que observan en su entorno cotidiano. Por eso, contar con opciones saludables, compartir las comidas y sostener horarios estables puede tener un impacto positivo en su crecimiento y bienestar.
“La coherencia entre el hogar y el entorno es fundamental para formar hábitos saludables que perduren en el tiempo. Más que buscar hacerlo perfecto, la clave está en repetir pequeñas acciones todos los días. Establecer horarios de comida, compartir al menos una comida en familia y ofrecer variedad de alimentos sin presión son acciones simples que, con constancia, influyen directamente en el crecimiento, el desarrollo y la relación de los niños con la alimentación”, explicó la especialista del CELAN.
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