Una nueva tendencia vinculada a la alimentación empezó a circular en redes sociales y medios especializados: aumentar de forma deliberada el consumo de fibra. El fenómeno, conocido como fibermaxxing, propone priorizar alimentos ricos en este nutriente con el objetivo de mejorar la salud digestiva y prevenir enfermedades a largo plazo.
Aunque el término es reciente, la idea no es nueva. Investigaciones han mostrado que una dieta con suficiente fibra favorece el funcionamiento intestinal y se asocia con menor riesgo de trastornos metabólicos y cardiovasculares.
El enfoque del fibermaxxing consiste en alcanzar —o incluso superar ligeramente— la ingesta diaria recomendada de fibra a través de la alimentación. El interés creciente por este nutriente está relacionado con la preocupación por la salud intestinal y el envejecimiento saludable.
La investigadora Jennifer Lee, del Jean Mayer USDA Human Nutrition Research Center on Aging de la Tufts University, explica que no sorprende que este tema haya ganado protagonismo en los últimos años. Según la especialista, cada vez más personas buscan estrategias nutricionales que ayuden a mantener una buena salud durante más tiempo.
Por qué la fibra es importante
Una alimentación rica en fibra se asocia con múltiples beneficios. Entre ellos se destacan la mejora del tránsito intestinal, el equilibrio de la microbiota y una mayor sensación de saciedad. Además, estudios han vinculado una ingesta adecuada con menor riesgo de enfermedades crónicas como problemas cardiovasculares, trastornos metabólicos e incluso algunos tipos de cáncer.
Lee señala que cuando la dieta contiene poca fibra, es más probable que las calorías provengan de alimentos ricos en grasas o azúcares refinados, lo que puede favorecer el aumento de peso. Se recomiendan incorporar este nutriente principalmente a través de alimentos naturales. Entre las fuentes más habituales se encuentran:
- Frutas, como manzanas, peras o frambuesas.
- Verduras y hortalizas, por ejemplo brócoli, zanahoria y espinaca.
- Legumbres, como lentejas, garbanzos y frijoles.
- Cereales integrales, entre ellos avena, arroz integral o quinoa.
- Frutos secos y semillas, como almendras, chía o linaza.
El auge de esta tendencia también refleja un interés creciente por mejorar la calidad de vida en la edad adulta. Adoptar hábitos alimentarios equilibrados puede contribuir a reducir el riesgo de enfermedades y favorecer un envejecimiento más saludable.
Cuando el exceso también puede ser un problema
Aun así, los especialistas advierten que aumentar la fibra sin control tampoco es recomendable. La nutricionista Cristina Calcerrada, miembro del comité de nutrición de la Fundación Española del Aparato Digestivo, señala que consumir cantidades excesivas puede provocar molestias digestivas.
Entre los efectos más frecuentes menciona gases, hinchazón, calambres abdominales o alteraciones del tránsito intestinal, especialmente cuando la dieta no incluye suficiente agua.
También advierte que cantidades muy elevadas de fibra podrían interferir con la absorción de minerales como hierro, zinc, calcio o magnesio. Por eso recomienda obtenerla principalmente de alimentos y no depender de suplementos en polvo o cápsulas, que no ofrecen la misma combinación de nutrientes que los productos naturales.
Con base en OGlobo/GDA
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