Therians. Estoy segura que ya escucharon de qué se trata. En su mayoría, son jóvenes que se identifican de manera simbólica con animales. Imitan movimientos relacionados con el animal con el que se identifican, generalmente desplazándose en cuadrupedia (cuatro apoyos), saltan y apoya manos y pies en el suelo.
Más allá de que se generaron reacciones de todo tipo - desde la burla hasta la preocupación- en el campo de la educación física, la biomecánica y las ciencias del ejercicio se abrió un gran interrogante: ¿Qué ocurre en el cuerpo al moverse de esa manera?
Muchas disciplinas ya trabajan con este tipo de movimientos (con otro objetivo). Son gestos utilizados en sistemas de acondicionamiento físico contemporáneo como el Animal Flow (que he mencionado en notas anteriores), que utiliza entre sus sesiones ejercicios donde existen desplazamientos en cuadrupedia, apoyos múltiples y movimientos integrados no para imitar animales, sino para recuperar capacidades que fuimos perdiendo con el sedentarismo.
En este tipo de disciplinas se busca la estabilidad del core (zona media, centro de nuestro cuerpo); desarrollar la coordinación, entrenar la movilidad; fortalecer las cadenas corporales completas (el cuerpo se mueve de forma integrada, no por partes aisladas) y el aumento la conciencia corporal (clave para prevenir lesiones).
Pero cuidado: estos son objetivos de entrenamiento que se realizan en contextos planificados. Herramientas dentro de programas de fuerza, rehabilitación o preparación física. No se utilizan de forma constante ni sin fundamento.
En cuanto a los therians, el ser humano ya no es cuadrúpedo, por lo que un argumento basado en los primates no aplicaría. Y acá te explico un poco de la biomecánica detrás:
El humano, a lo largo de la evolución, se especializó en la marcha bípeda (dos pies), caminar erguidos, correr distancias, liberar las manos para manipular, lanzar y construir.
Por lo tanto, estamos adaptados funcionalmente a esto. La pelvis está diseñada para la bipedestación, también la longitud del fémur, la forma del pie y el arco plantar. La columna soporta mejor cargas verticales que horizontales, las manos dejaron de ser estructuras de locomoción para transformarse en herramientas de precisión, tampoco tenemos muñecas preparadas para el impacto, sino para la movilidad, y los hombros tienen gran rango de movimiento, pero no son eficientes como pilares de carga. Esto explica que biomecánicamente no somos equivalentes a un cuadrúpedo.
¿Y qué pasa cuando una persona se mueve así repetidamente? Desde la fisiología del ejercicio, este tipo de desplazamientos implican un desafío mecánico mayor para estructuras que no están diseñadas como pilares de carga.
Esto es aún más problemático cuando se realiza sin programación, fuera de una planificación deportiva, o en personas desentrenadas, con un core (zona media) débil, por ejemplo.
¿Dónde aparecen los riesgos? No en el movimiento en sí, sino cómo, cuánto y quién lo realiza.
Cuando se repite sin progresión ni preparación, pueden aparecer sobrecarga en las muñecas, que no están diseñadas para soportar peso continuo o impacto. También puede aparecer la fatiga lumbar, al exigir estabilidad en una posición horizontal para la que no está diseñada.
Otro problema que puede surgir es la mala absorción del impacto: las articulaciones preparadas para eso son los tobillos, las rodillas y la cadera, no muñecas, hombros o el tronco.
¿Qué se puede aprender del fenómeno therian (sin disfrazarnos ni ladrar)? Bueno, una cosa que podemos aprender es a cuestionarnos el movimiento: ¿Cuánto tiempo pasamos sin movernos? ¿Cuánto tardamos en levantarnos de una silla? ¿Subimos escaleras?
El movimiento es una capacidad fundamental que con el tiempo y desuso se pierde. Dentro de este fenómeno hay un mensaje interesante: el cuerpo puede volver al suelo, moverse en variedad, cargar su propio peso, desarrollar fuerza y coordinación. Eso no significa que tengamos que juntarnos a saltar y ladrar en Plaza Independencia. Sigamos juntándonos a caminar, a tomar mate sentados en el piso, a pasear a los perros, a correr por la rambla. Pero como lo que somos, seres bípedos, que llegaron a serlo tras millones de años de evolución.
El cuerpo humano no necesita comportarse como un animal, ni fue diseñado para eso, como tampoco fue diseñado para pasar inmóvil entre una silla y una pantalla.
Es un desafío para los profesionales del movimiento traducir ese impulso en educación, con un fundamento biomecánico.
¿Querés seguir siendo therian después de toda la explicación? Perfecto, pero hagámoslo bien. Si vas a explorar este tipo de movimientos, te sugiero primero entrenar, preparar el cuerpo. No hacerlo porque “te sentís animal”, sino porque sos humano y hay un montón de capacidades que probablemente te vendría bien adquirir.
Rutina de movilidad, estabilidad y core
Buscamos “lubricar” las articulaciones para evitar sobrecargas en la zona lumbar y en las muñecas, y prevenir que la espalda absorba la carga que no le corresponde.
- Puente de glúteos: 3 series de 12 repeticiones. (Si te vas a desplazar en cuatro apoyos, hacelo con glúteos activados o la zona lumbar te va a pasar factura).
Si tu hijo o tu nieto está atravesando su “momento therian” podés ayudarlo haciendo ejercicios junto a él. Hay más ejercicios pueden ayudarnos, claro, y para eso te sugiero que consultes una vez cada tanto mi perfil en Instagram, donde regularmente comparto consejos de movimientos, nutrición y otras facetas del fitness.