El médico radiólogo José Manuel Felices afirmó que el ananá puede ser una herramienta útil para disminuir los antojos de dulce después de las comidas. Según explicó, esta fruta contiene bromelina, una enzima que actúa sobre las proteínas y genera una sensación particular en la lengua, capaz de saturar los receptores del gusto y reducir el deseo de consumir alimentos azucarados.
La declaración se dio en el marco de recomendaciones orientadas a modificar hábitos alimentarios y a disminuir el consumo frecuente de dulces, una conducta muy extendida después del almuerzo o la cena.
Por qué aparecen las ganas de comer dulce
Muchas personas sienten la necesidad de ingerir algo dulce al finalizar una comida. Este impulso responde a una combinación de factores biológicos y psicológicos que refuerzan el hábito con el paso del tiempo. Frente a esta situación, especialistas proponen estrategias simples para modificar la conducta de manera progresiva, sin recurrir a restricciones extremas.
Uno de los recursos mencionados es el cepillado dental antes de consumir un dulce. El dentífrico contiene lauril sulfato, una sustancia que altera temporalmente la percepción del sabor: bloquea los receptores de lo dulce y potencia los de lo amargo, lo que reduce la apetencia por productos azucarados.
“El ananá funciona tan bien para los antojos de dulce porque contiene bromelina, una enzima que rompe las proteínas. Literalmente, el ananá genera una leve sensación de picor en la lengua, que satura los receptores y te quita las ganas de comer algo dulce después”, explicó Felices.
La bromelina facilita la descomposición y absorción de proteínas, una propiedad ampliamente estudiada por la literatura científica, que también analizó su papel en la digestión y en otros procesos fisiológicos.
Un trabajo publicado en el British Medical Journal señala que la bromelina puede favorecer la digestión de proteínas, lo que convierte al ananá en una opción frecuente como postre tras comidas abundantes. Otras investigaciones evaluaron su potencial en la reducción del riesgo de ciertos tipos de cáncer, el alivio de síntomas de la artritis reumatoide y la disminución de la inflamación y la hinchazón luego de cirugías o ejercicio físico intenso.
Además, estudios difundidos en el Journal of Nutrition and Metabolism analizaron los efectos del ananá sobre el sistema inmunológico, incluyendo su posible rol frente al estrés oxidativo y en la prevención de infecciones virales y bacterianas, especialmente en población infantil.
No obstante, Felices aclaró que el consumo ocasional de dulces no debe interpretarse como un problema en sí mismo. “Si un día te apetece un dulce, no pasa nada. Aprender el truco del ananá puede ayudarte a que comer dulce no sea algo constante: la salud es equilibrio, no castigo”, sostuvo.
Con base en El Tiempo/GDA