Guardar la carne en la misma bolsa plástica en la que fue entregada al comprarla puede parecer una solución práctica. Sin embargo, si el envoltorio se rompe, se perfora o no está preparado para conservar el alimento, puede convertirse en una fuente de contaminación dentro de la heladera.
El principal riesgo no está en el plástico en sí, sino en que los líquidos de la carne cruda entren en contacto con otros alimentos. Cuando eso ocurre, pueden trasladarse microorganismos de un producto a otro y producir contaminación cruzada.
El peligro de los derrames dentro de la heladera
Las bolsas convencionales pueden dañarse con los huesos de algunas piezas de carne o romperse al quedar debajo de otros productos. Si los jugos se escapan, pueden llegar a verduras, lácteos u otros alimentos que ya están prontos para consumir.
Entre los microorganismos que pueden estar presentes en los alimentos crudos se encuentran bacterias como Salmonella y E. coli. Por este motivo, la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) recomienda mantener la carne separada de otros productos y evitar que sus jugos entren en contacto con ellos.
La temperatura también juega un papel importante en la conservación. La recomendación citada en el material es mantener la heladera a 4 °C o menos y el congelador aproximadamente a -18 °C. Estas condiciones contribuyen a conservar los alimentos dentro de parámetros seguros durante su almacenamiento.
Por eso, no alcanza con guardar la carne en la heladera después de hacer las compras. También es importante comprobar que el envase esté en buenas condiciones y colocar el producto de manera que una eventual filtración no alcance otros alimentos.
Cómo guardar la carne de forma segura
Una alternativa es utilizar recipientes herméticos que puedan contener los líquidos de la carne. También pueden emplearse bolsas con cierre destinadas al almacenamiento de alimentos, especialmente si el producto va a permanecer en el freezer.
La carne cruda debe mantenerse separada de aquellos alimentos que ya están listos para comer. Una medida sencilla consiste en colocarla dentro de un recipiente cerrado y ubicarla en una zona de la heladera donde un posible derrame no pueda alcanzar otros productos.
Si no se va a consumir en los días siguientes, puede congelarse en un envase apropiado. En estos casos, identificar el paquete con la fecha puede ayudar a llevar un mejor control del tiempo de almacenamiento.
El Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) también advierte que el envoltorio original de algunos productos puede permitir el paso de aire durante períodos prolongados. En el freezer, esto puede afectar la calidad y favorecer la aparición de quemaduras por congelación.
En el caso de la carne refrigerada, el tiempo que puede conservarse depende del tipo de producto. Por eso, cuando no vaya a prepararse pronto, congelarla y colocar la fecha en el envase puede facilitar el seguimiento del tiempo de almacenamiento.
La recomendación, entonces, no pasa por eliminar las bolsas plásticas de la cocina, sino por utilizar envases adecuados, mantener la carne a una temperatura segura y, sobre todo, evitar que sus jugos entren en contacto con otros alimentos. De esta manera se puede reducir el riesgo de contaminación cruzada y conservar mejor el producto.
En base a El Tiempo/GDA