Durante décadas, el acné se asoció de forma casi automática con el consumo de chocolate, especialmente en la adolescencia. La advertencia de que “comer chocolate provoca granos” se repitió durante generaciones. Sin embargo, la investigación científica no ha logrado confirmar de manera concluyente que exista una relación directa entre ambos.
El origen de esta idea se remonta a estudios realizados a mediados del siglo XX. Uno de los trabajos más citados se publicó en 1969 y fue realizado por investigadores de la University of Pennsylvania School of Medicine con un grupo de 65 participantes.
El acné es una afección cutánea frecuente que se produce cuando los folículos pilosos se obstruyen con grasa y células muertas. Esto puede generar puntos negros, espinillas o lesiones inflamatorias. El principal factor detrás de los casos persistentes suele ser la predisposición genética. Esta influye, por ejemplo, en el tamaño y la actividad de las glándulas sebáceas que producen sebo en la piel.
En los últimos años se han realizado nuevas investigaciones que volvieron a examinar la posible relación entre el chocolate y los brotes de acné. Un estudio desarrollado en 2014 en la University of Miami observó que hombres jóvenes con antecedentes de acné desarrollaban lesiones cutáneas con mayor rapidez después de consumir chocolate.
Otro trabajo publicado en 2016 por investigadores de la Chulalongkorn University, en Tailandia, encontró una posible asociación entre el consumo de chocolate negro y un aumento de espinillas.
Sin embargo, ambos estudios tenían una característica en común: el número de participantes era reducido y todos eran hombres. Los investigadores eligieron esta población para evitar la influencia de las fluctuaciones hormonales, que pueden afectar la aparición del acné y complicar el análisis de la dieta.
En otro experimento con 25 hombres con tendencia al acné se administraron 25 gramos diarios de chocolate con 99 % de cacao durante cuatro semanas. Al finalizar el periodo se registró un empeoramiento de las lesiones, aunque los propios autores señalaron que el tamaño de la muestra limitaba la solidez de las conclusiones.
Más allá del chocolate, el problema podría estar relacionado con el patrón alimentario general. Algunas investigaciones han vinculado el acné con dietas occidentales caracterizadas por alto consumo de azúcares, grasas saturadas y productos lácteos.
Un análisis publicado en 2020, que evaluó los hábitos alimentarios y la autoevaluación del acné en más de 24.000 personas, sugirió que este tipo de dieta podría influir en la aparición o el empeoramiento de los síntomas, aunque los autores señalaron que aún se necesitan más estudios.
Otro aspecto estudiado es el índice glucémico de los alimentos, que mide la rapidez con la que elevan los niveles de azúcar en sangre. Algunos trabajos han observado que alimentos con alto índice glucémico —como pan blanco, pastas refinadas o productos azucarados— podrían asociarse con brotes de acné en ciertas personas.
El chocolate, por ejemplo, contiene grasas saturadas y, según el tipo, cantidades variables de azúcar. Por eso, su posible impacto en la piel puede depender tanto del tipo de chocolate como del conjunto de la alimentación y de otros factores como el estrés o los cambios hormonales.
Al mismo tiempo, investigaciones sugieren que el chocolate negro podría tener efectos beneficiosos para la piel al reducir el estrés oxidativo, un proceso relacionado con la inflamación. No obstante, estos estudios se han centrado sobre todo en el envejecimiento cutáneo y no específicamente en el tratamiento del acné.
Con base en El Tiempo/GDA
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