La resistencia a la insulina y los desajustes en la glucosa en sangre se convirtieron en uno de los temas más discutidos dentro del mundo de la salud y la nutrición. Distintos estudios comenzaron a mostrar que los picos y caídas bruscas de azúcar no solo afectan el metabolismo, sino también la energía, el estado de ánimo y la concentración.
Un metaanálisis publicado en la revista Nutrients encontró que las fluctuaciones intensas de glucosa se asocian con mayor fatiga, irritabilidad y dificultades cognitivas incluso en personas que no tienen diabetes.
En la misma línea, una investigación de la Universidad de Stanford concluyó que los aumentos rápidos de azúcar en sangre suelen generar más hambre pocas horas después de comer, independientemente de la cantidad de calorías ingeridas.
Para la bioquímica francesa Jessie Inchauspé, muchas conductas que suelen atribuirse a “falta de voluntad” tienen en realidad una explicación fisiológica.
El descubrimiento que cambió su mirada sobre la alimentación
Inchauspé estudió matemáticas en el King’s College London y luego bioquímica en Georgetown. Su interés por la glucosa comenzó cuando decidió usar un monitor continuo pese a no tener diabetes.
Según contó, notó que cada pico de glucosa coincidía con cambios en su energía, su claridad mental y su estado emocional. A partir de esa experiencia desarrolló un enfoque basado en pequeños cambios cotidianos para estabilizar el azúcar en sangre.
En sus libros, entre ellos Glucose Revolution, sostiene que no se trata de prohibir alimentos ni de seguir dietas extremas, sino de comprender cómo y cuándo se come.
La especialista asegura que modificar detalles simples, como el orden de los alimentos o el tipo de desayuno, puede tener un impacto importante en el bienestar diario.
Por qué recomienda desayunos salados
Uno de los puntos que más destaca es el desayuno. Según explicó, las opciones dulces suelen generar un aumento rápido de glucosa seguido de una caída brusca a media mañana, lo que favorece el cansancio, los antojos y la necesidad de volver a comer.
En cambio, los desayunos salados que incluyen proteínas y grasas saludables tienden a estabilizar más la glucosa y aportar energía sostenida durante varias horas.
La bioquímica remarcó que no se trata de una regla estricta ni moral, sino de una herramienta fisiológica para ayudar al cuerpo a funcionar de forma más estable.
El orden de los alimentos también influye
Otro de los conceptos que plantea es que la secuencia en la que se comen los alimentos puede modificar la velocidad con la que la glucosa llega a la sangre.
Según explicó, comenzar por fibra y vegetales, continuar con proteínas y grasas y dejar los carbohidratos para el final ayuda a suavizar el pico glucémico.
Para Inchauspé, la clave está en realizar cambios sostenibles y no en perseguir la perfección. Por eso cuestiona los modelos basados únicamente en restricción, culpa y autocontrol extremo.
La especialista sostiene que comprender cómo funciona la biología permite dejar de interpretar el cansancio, la irritabilidad o los antojos como fallas personales.
Más energía y menos culpa
La autora también vincula el equilibrio glucémico con la salud mental y la calidad de las decisiones cotidianas.
Según explicó, cuando la glucosa se mantiene estable resulta más fácil conservar la concentración, la paciencia y la estabilidad emocional. En cambio, las fluctuaciones constantes pueden aumentar la impulsividad, la ansiedad y la sensación de agotamiento.
Para la especialista, entender estos mecanismos ayuda a reemplazar la culpa por comprensión y a construir hábitos más sostenibles.
“No se trata de perfección. Se trata de comprensión”, resumió.
En base a La Nación/GDA
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