Un estudio realizado por investigadores de la Universidad de East Anglia (UEA), en el Reino Unido, y publicado en la revista científica Appetite analizó por qué las personas continúan comiendo aun cuando ya han ingerido suficiente alimento.
La investigación evaluó la actividad cerebral de 76 voluntarios con el objetivo de comprender qué ocurre cuando el organismo ya no tiene hambre, pero aun así aparecen estímulos relacionados con la comida. Los científicos buscaban determinar qué papel cumplen las respuestas automáticas del cerebro frente a señales alimentarias.
El trabajo se centró en observar cómo reacciona el cerebro ante alimentos altamente palatables en un contexto en el que la persona ya se encuentra fisiológicamente saciada.
Cómo responde el cerebro a la comida
Para realizar el estudio, los participantes fueron evaluados mediante electroencefalogramas (EEG) mientras participaban en un juego de aprendizaje basado en recompensas. Durante la prueba se utilizaron distintos alimentos, entre ellos dulces, chocolate, patatas fritas y palomitas de maíz.
En la mitad de la actividad, los voluntarios debían consumir uno de los alimentos hasta declarar que ya no deseaban seguir comiendo. De acuerdo con los resultados, los participantes manifestaron una disminución clara en su deseo por ese producto y su comportamiento indicaba que habían dejado de valorarlo.
Sin embargo, los registros eléctricos del cerebro mostraron algo diferente. Las áreas cerebrales vinculadas con el sistema de recompensa continuaban reaccionando de manera similar ante las imágenes de ese alimento, incluso cuando los participantes ya estaban completamente llenos.
“Lo que vimos es que el cerebro simplemente se niega a restarle importancia a lo gratificante que parece una comida, sin importar lo lleno que estés. Incluso cuando las personas saben que no quieren la comida, incluso cuando su comportamiento muestra que han dejado de valorarla, sus cerebros continúan enviando señales de recompensa en el momento en que aparece la comida”, explicó Sambrook.
Hábitos y respuestas automáticas
Según los investigadores, estas reacciones podrían estar relacionadas con hábitos aprendidos a lo largo del tiempo, producto de la asociación repetida entre determinados alimentos y experiencias placenteras.
En ese sentido, la exposición constante a estímulos alimentarios —como publicidad o disponibilidad permanente de snacks— podría influir en la dificultad para regular el consumo.
“Estas respuestas cerebrales habituales podrían operar independientemente de nuestras decisiones conscientes. Así, aunque creas que comes porque tienes hambre, tu cerebro podría simplemente estar siguiendo un guion trillado”, afirmó Sambrook.
El análisis tampoco encontró una relación entre la capacidad de tomar decisiones orientadas a objetivos y la persistencia de la respuesta cerebral ante alimentos previamente devaluados. Esto sugiere que el autocontrol no necesariamente modifica las reacciones automáticas del cerebro frente a ciertos estímulos.
“Si tienes dificultades para picar entre horas o no puedes negarte a los dulces ni siquiera cuando estás lleno, el problema puede no ser tu disciplina, sino el cableado interno de tu cerebro”, señaló Sambrook. “No es de extrañar que resistirse a una dona pueda parecer imposible”, concluyó.
En base a El Tiempo/GDA
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