Cómo los videos de comida "extrema" están alterando nuestra mente

No solo importa lo que ponés en tu plato, sino lo que dejás entrar por tus ojos. Aprendé a curar tu contenido para una vida más sana.

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Alimentación y redes sociales.
Foto: Commons.

Redacción El País
Las redes sociales se consolidaron como uno de los principales espacios de interacción cotidiana, especialmente entre jóvenes y adolescentes. Junto con sus beneficios comunicacionales, diversas investigaciones advierten que ciertos tipos de contenidos digitales pueden influir de manera negativa en la relación con la comida y en la imagen corporal.

Una de las tendencias más visibles de los últimos años son los llamados mukbangs, videos en los que una persona se graba consumiendo grandes cantidades de comida frente a una cámara. Aunque surgieron originalmente como transmisiones para acompañar a quienes comían solos, hoy circulan masivamente en plataformas como TikTok, YouTube e Instagram, y forman parte del ecosistema de contenidos que impactan en la percepción social de la alimentación y el cuerpo.

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Los videos sobre comer en exceso como "desafío" (por ejemplo) pueden influenciar negativamente.
Foto: Wikimedia/Commons.

En estos videos, la exageración suele ser el eje central: platos desbordados, sonidos amplificados al masticar y reacciones del público que oscilan entre la fascinación, la sorpresa y el rechazo. Este tipo de estímulos constantes puede alterar la forma en que algunas audiencias interpretan las conductas alimentarias normales.

Redes sociales y trastornos alimentarios

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Foto: Wikimedia/Commons.

No existe una causa única que explique los trastornos alimentarios, pero la evidencia científica indica que el uso intensivo de redes sociales puede actuar como un factor de riesgo. Según un artículo de Medical News Today, curado por la doctora y psiquiatra certificada Andy Watkins, estas plataformas pueden potenciar ideales corporales de forma más intensa que los medios tradicionales, debido a la exposición constante y personalizada.

La repetición de ideales de belleza asociados a la delgadez extrema puede hacer que estos modelos parezcan más comunes y alcanzables de lo que realmente son. Esta sobreexposición puede afectar la autoestima y, como señalan los especialistas, “podría contribuir” al desarrollo de un trastorno de la conducta alimentaria.

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Foto: Unsplash.

La Alianza Nacional para los Trastornos Alimentarios (NAED) identifica varios mecanismos mediante los cuales las redes sociales refuerzan estas problemáticas:

  • Estándares de belleza poco realistas, impulsados por filtros y edición digital.
  • Distorsión de la realidad, al mostrar versiones idealizadas de la vida cotidiana.
  • Publicidad dirigida, que promete mejoras físicas difíciles de alcanzar.
  • Contenidos pro-trastornos alimentarios, que glorifican la delgadez extrema.
  • Ciberacoso, con ataques relacionados con el peso y la forma corporal.

Salud mental y riesgos asociados

Desde el ámbito médico, la Clínica Mayo advierte que la mayoría de los trastornos alimentarios implican una preocupación excesiva por el peso, la forma corporal y la comida, lo que puede derivar en conductas peligrosas. Entre los principales riesgos se incluyen:

  • Déficits nutricionales.
  • Daños en el corazón, el sistema digestivo, los huesos y los dientes.
  • Aparición de otras enfermedades asociadas.
  • Vínculo con depresión, ansiedad, autolesiones e ideación suicida.

En la misma línea, Kasey Goodpaster, psicóloga de la Clínica Cleveland, señala que la exposición a redes sociales puede generar insatisfacción corporal, lo que incrementa el riesgo de desarrollar trastornos alimentarios. Estudios recientes vinculan el uso intensivo de estas plataformas con conductas como atracones, purgas, restricción severa y ortorexia, definida como la obsesión patológica por una alimentación considerada “saludable”.

A pesar de estos riesgos, las redes sociales también pueden funcionar como espacios de apoyo. Existen comunidades que promueven la positividad corporal, la diversidad de cuerpos y la autoaceptación, ofreciendo contención e información a personas en riesgo o en proceso de recuperación.

Entre las recomendaciones de los especialistas para reducir el impacto negativo del contenido digital se encuentran:

  • Reducir el tiempo de uso de redes sociales.
  • Revisar y ajustar las cuentas que se siguen.
  • Evitar perfiles que normalicen los trastornos alimentarios.
  • Priorizar contenidos que fomenten una relación saludable con la comida y el cuerpo.

Los expertos coinciden en que prestar atención a cómo una persona se siente después de consumir contenido en redes es una señal clave. Ante el malestar persistente, recomiendan buscar orientación profesional para proteger la salud mental y la relación con la alimentación.

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