Redacción El País
En la góndola del supermercado, el pan suele presentarse como un alimento simple y cotidiano, pero detrás de los envases atractivos y las palabras prometedoras se esconde una realidad más compleja. Integral, con cereales, multigrano: las etiquetas abundan, aunque no siempre dicen lo que parecen. Para la cocinera naturista Jacinta Luna Lussich, la clave está en aprender a mirar más allá del frente del paquete y volver a una relación más consciente con lo que comemos.
“Lo más importante no es lo que dice adelante, por más que diga que es integral o que tiene cereales”, advierte en un reel que publicó en su cuenta de Instagram. Según explica, el marketing puede resultar engañoso y llevar a pensar que se está eligiendo una opción saludable cuando, en realidad, no lo es. El primer paso, entonces, es dar vuelta el paquete y leer la lista de ingredientes.
Si bien términos como “integral” suelen asociarse a una mejor calidad nutricional, Jacinta aclara que no alcanza con que aparezcan en grande en el envase. “Mirar bien los ingredientes es clave: si ves que la harina principal es refinada, aunque tenga semillas, no es lo que buscás”, señala. En muchos panes comerciales, la base sigue siendo harina blanca, a la que se agregan pequeñas cantidades de semillas o salvado solo para justificar el rótulo.
Otro punto importante son los aditivos. Conservantes, mejoradores de masa y otros ingredientes difíciles de pronunciar suelen aparecer en panes industrializados para prolongar su vida útil o mejorar su textura. “Tené cuidado con los aditivos y conservantes”, recomienda la cocinera, y sugiere optar por listas de ingredientes cortas y comprensibles como una regla general.
El verdadero pan más saludable
El pan puede ser una fuente valiosa de energía y nutrientes, siempre que esté bien elegido. Harinas integrales reales, semillas, fermentaciones más lentas y menos ultraprocesamiento favorecen una mejor digestión y un mayor aporte de fibra, vitaminas y minerales. Por eso, para Jacinta, la mejor alternativa está fuera de la góndola.
“La mejor opción es el pan casero”, afirma. Prepararlo en casa permite elegir los ingredientes, evitar aditivos innecesarios y adaptar la receta a las necesidades de cada persona, ya sea sin gluten, con menos sal o con semillas específicas. Además, hay un componente que no figura en ninguna etiqueta: el vínculo con la comida. “Te asegurás de llenarlo de nutrientes y amor”, resume.
Como ejemplo, comparte una receta sencilla de pan sin gluten, pensada para quienes buscan una opción práctica y accesible para el día a día.
Receta de pan sin gluten fácil
- 2 huevos
- 400 ml de agua tibia
- 1/2 taza de aceite
- 380 g de mix sin gluten
- 1 cucharadita de sal
- 2 cucharadas de azúcar rubia
- 5 g de levadura seca
- 1/3 taza de semillas
La preparación comienza activando la levadura con el azúcar y parte del agua tibia. Luego se mezclan los huevos, el resto del agua y el aceite, se incorporan el mix sin gluten y las semillas, y se lleva la masa a un molde. Tras dejarla levar unos 45 minutos, se hornea a 180 grados Celsius durante 40 a 45 minutos. Una vez frío, está listo para disfrutar.
En tiempos de consumo rápido y decisiones automáticas, la propuesta de Jacinta Luna Lussich invita a frenar, leer, elegir mejor y, cuando se pueda, volver a lo casero. Porque, como recuerda, un buen pan no se define por lo que promete su envase, sino por lo que realmente contiene.