Redacción El País
El malvavisco medicinal —también conocido como altea o Althaea officinalis— es una planta herbácea que se cultiva desde hace siglos en Europa, Asia occidental y el norte de África. Sus tallos pueden alcanzar hasta un metro y medio de altura, con flores blancas o apenas rosadas, pero es en su raíz medicinal donde se concentran los compuestos más valorados por la fitoterapia tradicional.
Rica en mucílagos, flavonoides y pectinas, esta planta se ha utilizado históricamente para aliviar afecciones respiratorias, digestivas y cutáneas, y hoy vuelve a despertar interés en un contexto donde crece la búsqueda de alternativas naturales con respaldo científico.
Por qué el malvavisco tiene efecto terapéutico
Según explica el médico especialista en nutrición y fitoterapia clínica Pablo López Schimpf, el principal valor del malvavisco está en su alto contenido de mucílagos, que pueden representar hasta una quinta parte de la planta. Estos compuestos forman una especie de película protectora sobre las mucosas, lo que explica buena parte de sus efectos calmantes.
Además, la planta contiene taninos, ácidos fenólicos y cumarinas, sustancias con potencial acción antiinflamatoria y protectora, presentes tanto en la raíz como en las hojas, aunque en mayor concentración en la primera.
Un aliado clásico contra la tos y el resfrío
Uno de los usos más extendidos del malvavisco medicinal es el alivio de la tos y la irritación de garganta asociada a los resfríos. Los mucílagos ayudan a recubrir la mucosa orofaríngea, disminuyendo la sensación de ardor, la sequedad y el reflejo tusígeno.
Ensayos clínicos realizados con extractos de raíz de malvavisco han mostrado una reducción tanto en la intensidad como en la frecuencia de la tos, incluso en población infantil, con buen perfil de seguridad clínica. También se observaron efectos sobre el sistema inmune, con aumento de la actividad de ciertas células defensivas.
Beneficios digestivos que también tienen aval oficial
Otro campo donde el malvavisco demuestra utilidad es el de los trastornos digestivos leves, como la hinchazón, la acidez o la flatulencia. Su acción suavizante sobre las mucosas digestivas lo convierte en una opción frecuente para cuadros de dispepsia funcional.
Organismos científicos europeos, como la Agencia Europea de Medicamentos (EMA) y la ESCOP, reconocen su uso tradicional para este tipo de molestias, lo que refuerza su lugar dentro de la medicina herbal con respaldo institucional.
Aplicaciones en la piel: alivio e hidratación
El malvavisco medicinal también se utiliza de forma tópica. Cremas y pomadas elaboradas con extracto de su raíz se aplican para aliviar picazón, irritación y procesos inflamatorios cutáneos, como eccemas leves o forunculosis.
Algunos estudios sugieren que preparaciones con concentraciones elevadas de extracto pueden mejorar la tolerancia de la piel y reducir la inflamación local, aunque los especialistas coinciden en que aún se necesita más investigación para consolidar estas indicaciones.
Cómo se consume y qué precauciones tener en cuenta
Tanto la raíz de malvavisco como sus hojas secas pueden utilizarse en preparaciones caseras. Una de las formas más habituales es la maceración en frío, que permite conservar los mucílagos sin degradarlos por el calor. También existen jarabes, extractos líquidos y cremas fitoterápicas disponibles comercialmente.
En términos generales, el malvavisco presenta un buen perfil de seguridad y no se han reportado efectos adversos relevantes a las dosis habituales. Sin embargo, se recomienda evitar su uso durante el embarazo, la lactancia y en niños menores de tres años. Además, como los mucílagos pueden enlentecer la absorción de otros fármacos, conviene espaciar su ingesta al menos una hora respecto a otros medicamentos.
En base a La Nación/GDA
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