Aunque suele quedar detrás del atún o la merluza, la caballa es uno de los pescados con mayor densidad nutricional y, al mismo tiempo, una de las opciones más accesibles. Aporta proteínas de alto valor biológico, grasas saludables, vitaminas y minerales que contribuyen al buen funcionamiento del organismo.
Según la health coach especializada en inflamación Yael Hasbani, este pescado contiene nutrientes como yodo, selenio, cobre y vitamina D, además de ácidos grasos omega-3, que favorecen la salud cardiovascular, el sistema nervioso, los huesos y el sistema inmunológico.
Un pescado abundante y muy valorado
La caballa pertenece a la familia de los escómbridos y se encuentra principalmente en el océano Atlántico y el mar Mediterráneo, donde es objeto de una intensa actividad pesquera.
Se caracteriza por su dorso verde azulado con bandas negras y el vientre blanco. Habitualmente mide entre 25 y 45 centímetros, aunque algunos ejemplares pueden alcanzar los cuatro kilos. Su carne es muy apreciada y figura entre las especies más comercializadas a nivel internacional. Según datos de World Integrated Trade Solution (WITS), Dinamarca, Países Bajos, Japón, China y Noruega son algunos de los principales productores y exportadores.
Cómo consumirla
Hasbani recomienda consumirla, siempre que sea posible, fresca. Puede prepararse al horno, en papillote o a la plancha.
Sin embargo, reconoce que en algunos países resulta más fácil conseguirla en conserva. En ese caso, aconseja elegir presentaciones al natural o en aceite de oliva y escurrir el líquido antes de consumirla. Puede incorporarse a ensaladas, sándwiches, tostadas o tartas.
Uno de los principales atributos de este pescado es su elevado contenido de ácidos grasos omega-3, especialmente DHA (ácido docosahexaenoico) y EPA (ácido eicosapentaenoico).
Estos nutrientes ayudan a reducir la inflamación, favorecen la salud cardiovascular y contribuyen al buen funcionamiento del cerebro. Como el organismo no puede producirlos por sí solo, deben obtenerse a través de la alimentación.
La Asociación Americana del Corazón (AHA) recomienda consumir al menos dos porciones semanales de pescados grasos, como la caballa. Diversas investigaciones muestran que quienes los incluyen regularmente en su dieta presentan, en promedio, una presión arterial más baja y menores niveles de colesterol.
Proteínas, vitamina D y minerales
Además de su contenido de omega-3, la caballa aporta vitamina D, un nutriente fundamental para la salud ósea porque favorece la absorción de calcio y contribuye al correcto funcionamiento del sistema inmunológico.
También contiene minerales como cobre y selenio, relacionados con el mantenimiento de la densidad ósea, según el sitio médico WebMD.
En cuanto a las proteínas, unos 150 gramos de caballa aportan entre 28 y 30 gramos de proteína de alto valor biológico, necesaria para formar y reparar tejidos como músculos, piel, órganos y huesos.
Un aliado para el cerebro
Diversos estudios indican que una mayor ingesta de pescados grasos ricos en DHA y EPA se asocia con un mejor rendimiento de algunas funciones cognitivas y podría contribuir a preservar la memoria y la salud cerebral durante el envejecimiento.
Además, la Fundación Española de la Nutrición destaca que la caballa es fuente de riboflavina (vitamina B2), un nutriente que contribuye al funcionamiento normal del sistema nervioso.
En base a La Nación/GDA