Semana del Aprendizaje Digital: ¿La inteligencia artificial amenaza el desarrollo de los niños?

¿La máquina piensa por ellos? El riesgo de usar inteligencia artificial para evitar el esfuerzo de aprender: la delgada línea entre una ayuda para estudiar y perder la autonomía.

Niño, computadora
Niño usa la computadora con la boca abierta.
Foto: Freepik.

La inteligencia artificial puede explicar una duda en segundos, adaptar una actividad al nivel de un estudiante y funcionar como un tutor disponible a cualquier hora. Para muchos niños y adolescentes, estas herramientas empiezan a convertirse en una nueva forma de aprender. Pero cuanto más capaz se vuelve la tecnología de responder, crear y resolver, más incómoda aparece una pregunta: ¿qué sucede cuando dejamos que una máquina haga por nosotros parte del esfuerzo que necesitamos para aprender?

El interrogante estará en el centro de la Semana del Aprendizaje Digital 2026, organizada bajo el lema La educación en la era de la IA: Hechos | Fricciones | Fronteras. El encuentro busca analizar cómo la inteligencia artificial está modificando los sistemas educativos y qué desafíos plantea para estudiantes, docentes, familias e instituciones. Entre ellos aparece uno especialmente relevante para la infancia: cómo incorporar herramientas cada vez más poderosas sin relegar capacidades humanas fundamentales como el pensamiento crítico, la autonomía, la creatividad y la toma de decisiones.

La llegada de los tutores de IA está permitiendo que estudiantes que antes no tenían acceso a apoyo personalizado puedan recibir explicaciones y asistencia de manera inmediata. La tecnología puede adaptarse a diferentes ritmos y necesidades y, utilizada adecuadamente, ampliar las posibilidades de aprendizaje. Pero existe una diferencia entre tener una herramienta que ayuda a aprender y tener una herramienta que aprende o resuelve en nuestro lugar.

La expansión de la IA también está modificando la manera en que se produce y se valida el conocimiento. Los sistemas capaces de generar textos, imágenes, respuestas y otros contenidos hacen que ya no siempre sea sencillo distinguir entre aquello producido por una persona y aquello generado artificialmente. A esto se suman fenómenos como la llamada investigación sintética y los “estudiantes fantasma”, que ponen en cuestión ideas que durante mucho tiempo parecían dadas: qué significa participar de una clase, cómo se demuestra que alguien aprendió y qué puede considerarse evidencia de conocimiento.

Para la educación, el desafío no consiste entonces solamente en enseñar a utilizar inteligencia artificial. También implica aprender a convivir con ella sin perder de vista para qué se educa.

Niño frente a monitor de computadora.jpg
Foto: Commons.

Durante la infancia y la adolescencia, aprender no significa únicamente incorporar información. También supone desarrollar progresivamente la capacidad de concentrarse, equivocarse, formular preguntas, buscar respuestas, sostener una dificultad y elaborar una opinión propia. Una herramienta que ofrece una solución inmediata puede ser útil, pero también puede quitarle al estudiante una parte importante del proceso si se utiliza para evitar justamente aquello que debería ejercitar.

Por eso, uno de los grandes interrogantes de la educación en la era de la IA es cómo encontrar un equilibrio entre asistencia y autonomía. ¿Cuándo una tecnología ayuda a un niño a pensar mejor y cuándo empieza a pensar por él? ¿Cuándo facilita el acceso al conocimiento y cuándo reduce la oportunidad de construirlo?

La pregunta adquiere todavía más importancia a medida que aparecen sistemas de IA capaces de actuar de manera autónoma, conocidos como IA “agentiva”. Ya no se trata solamente de una herramienta que responde cuando alguien escribe una pregunta: estos sistemas pueden comenzar a ejecutar tareas y tomar determinadas decisiones siguiendo objetivos establecidos.

La Semana del Aprendizaje Digital 2026 propone justamente detenerse frente a estos cambios antes de asumir que toda innovación tecnológica constituye, por sí misma, un progreso educativo. El programa reunirá mesas redondas ministeriales, diálogos entre diferentes actores, conferencias públicas, talleres y demostraciones en vivo. El objetivo será poner en común investigaciones y experiencias, contrastarlas con lo que ocurre realmente en las aulas y discutir qué estrategias pueden ayudar a los sistemas educativos a adaptarse.

Uno de los ejes será la reflexión crítica: no solamente qué puede hacer la IA, sino qué debería hacer, qué límites necesita y qué lugar debe conservar la persona dentro de ese proceso. También se abordarán nuevas fronteras, entre ellas la IA de interés público, la soberanía digital y alternativas que recuperan enfoques analógicos y liderados por las propias comunidades.

Niño primer día de clases escuela
Niño camina junto a sus padres en su día de clases.
Foto: Freepik.

¿IA contra niños o IA al servicio de los niños?

Plantear que la inteligencia artificial “amenaza” el desarrollo infantil puede llevar a una conclusión demasiado sencilla. La tecnología no determina por sí sola cómo aprenden los niños. Importan el modo en que se utiliza, el acompañamiento de los adultos, las decisiones de las instituciones educativas y las habilidades que se busca desarrollar.

La verdadera discusión parece estar en otro lugar: cómo conseguir que la IA amplíe las posibilidades de los estudiantes sin reemplazar aquello que necesitan hacer por sí mismos. En ese sentido, uno de los principios que atraviesa la Semana del Aprendizaje Digital es la necesidad de mantener la agencia humana, la equidad y el propósito público de la educación en el centro de las decisiones.

Porque quizás el desafío educativo más importante de esta nueva etapa no sea enseñarles a los niños a utilizar inteligencia artificial. Será enseñarles algo todavía más difícil: saber cuándo utilizarla, cuándo cuestionarla y cuándo apagarla para pensar por cuenta propia.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar