Qué hacer si dice que no quiere una relación seria pero actúa como si fuera tu pareja, según la psicología

Por qué cuestionamos nuestra intuición cuando alguien nos da señales contradictorias en el amor: el peligro de esperar que el otro cambie y cómo detectar si estás postergando tus necesidades.

Discusión de pareja
Discusión de pareja.
Magnific.

En algunas relaciones afectivas aparece una situación difícil de interpretar: una de las personas afirma que no quiere tener una relación seria, pero al mismo tiempo mantiene conductas propias de un vínculo de pareja. Hablar todos los días, compartir aspectos íntimos de la vida, hacer planes a futuro, presentar al otro a familiares o amigos e incluso manifestar celos pueden generar expectativas diferentes de las que expresan las palabras.

La psicóloga española Paula Orell, especializada en autoestima, crecimiento personal y bienestar emocional, abordó esta situación en un video publicado en sus redes sociales y llamó la atención sobre la importancia de observar tanto lo que una persona dice como aquello que hace. “Me dices que no quieres nada serio conmigo, pero prácticamente hablamos todos los días”, planteó Orell como ejemplo de una situación en la que puede existir una diferencia entre el mensaje explícito y el comportamiento.

Según la especialista, la confusión puede aparecer cuando una persona establece verbalmente que no busca compromiso, pero desarrolla un vínculo que incluye características asociadas a una relación estable. Entre ellas mencionó mantener contacto frecuente, compartir información íntima, hacer planes para varios meses después, presentar al otro a su círculo cercano o expresar incomodidad ante la posibilidad de que esa persona conozca a alguien más.

La situación puede resultar especialmente compleja cuando, ante el planteo de la otra persona, se vuelve a recordar que nunca se prometió una relación formal. De esa manera, quien se siente confundido puede terminar pensando que interpretó mal la situación o que fue responsable de generar expectativas que, en realidad, surgieron de una dinámica compartida.

La especialista puso el ejemplo de una persona que, al expresar su confusión, recibe como respuesta: “Tú ya sabías que ahora mismo no quiero nada serio”.

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Para Orell, uno de los problemas de estas situaciones aparece cuando una persona comienza a cuestionar sus propias percepciones y termina atribuyéndose toda la responsabilidad por haberse involucrado emocionalmente. El hecho de que alguien haya expresado que no busca una relación no significa necesariamente que sus comportamientos sean irrelevantes. En un vínculo, las expectativas pueden construirse a partir de un conjunto de señales y experiencias compartidas, no únicamente de una conversación inicial.

Por eso, la especialista propone prestar atención a la coherencia entre las palabras y las acciones y, sobre todo, conversar cuando las expectativas comienzan a ser diferentes. Esto no implica que una persona deba aceptar una relación que no desea ni que exista una obligación de formalizar un vínculo. Cada individuo puede establecer qué tipo de relación quiere mantener. El problema aparece cuando las necesidades de ambos dejan de coincidir y ninguno establece con claridad qué espera del vínculo.

Ante una situación de este tipo, establecer límites puede ser una forma de proteger el bienestar emocional. Si una persona busca exclusividad, compromiso o una relación estable y la otra no está dispuesta a ofrecerlo, reconocer esa diferencia permite tomar decisiones con mayor claridad.

En este sentido, continuar esperando que la otra persona cambie de opinión puede prolongar una situación que genera malestar. La pregunta deja de ser únicamente qué quiere el otro y pasa a incluir qué necesita cada uno para sentirse cómodo dentro de la relación.

Orell también destacó que algunas personas permanecen en estos vínculos porque desean conservar la relación y esperan que, con el tiempo, el otro decida comprometerse. Sin embargo, aceptar una dinámica que genera sufrimiento también implica postergar las propias necesidades.

La comunicación afectiva no consiste solamente en expresar sentimientos cuando aparece un problema. También implica poder conversar sobre las expectativas, los límites y el tipo de vínculo que cada persona está dispuesta a construir. Una persona puede no querer una relación formal y, al mismo tiempo, desear exclusividad o una conexión emocional intensa. Otra puede sentirse cómoda con un vínculo sin compromiso. Ninguna de esas opciones es necesariamente incorrecta, siempre que exista acuerdo y que ambas personas conozcan las condiciones de la relación.

Por eso, más que intentar interpretar permanentemente las señales del otro, resulta útil expresar qué se quiere y observar si existe compatibilidad entre las palabras, las conductas y las necesidades de ambos. En última instancia, la cuestión no pasa únicamente por determinar si la otra persona está siendo coherente, sino por preguntarse si el vínculo que existe responde a lo que uno necesita y desea para sentirse bien.

Con base en El Tiempo/GDA

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