La obligación de estar bien: cuando buscar el bienestar se convierte en una nueva fuente de estrés

Vivimos en una época que exige ser optimistas, resilientes y productivos incluso cuando estamos agotados. Pero la tristeza, el cansancio y la frustración también forman parte de una vida emocional saludable.

Mujer fuerte y feliz
Mujer con fortaleza.
Foto: Freepik.

"Estar bien” todo el tiempo es insuficiente, también tenemos que “parecer” y “mostrar” que lo estamos. Y cuando hasta la tristeza, el cansancio o la frustración necesitan una explicación positiva, quizá sea momento de preguntarnos si estamos buscando bienestar o intentando cumplir con otra exigencia o expectativa socio-cultural que ejerce presión sobre nuestra conducta y accionar habitual.

¿Te pasó alguna vez sentirte cansado y, aun así, pensar que no tenías motivos para estarlo? Seguramente tu voz interior contestará: “Estoy bien” o “Tengo que estar bien“. Y si bien muchas veces lo estamos, hay días en los que no podemos más, estamos agobiados, entreverados, con niebla mental. Necesitamos bajar el ritmo, estar solos, dormir, llorar o, sencillamente, no hacer nada. El problema aparece cuando sentimos que deberíamos estar agradecidos por todo lo que tenemos y, por lo tanto, no deberíamos sentirnos mal.

Vivimos atravesados por una cultura que nos invita a ser productivos, saludables, optimistas, resilientes, emocionalmente inteligentes, y además, disfrutar del proceso. Entonces aparece una pregunta incómoda: ¿Qué pasa cuando estamos cansados de intentar estar bien?

La gran obligación

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Foto: Commons.

Cuando el bienestar constante se convierte en una nueva forma de exigencia, se transforma en un estímulo estresor más de nuestra lista. Una cosa es intentar sentirnos mejor y otra muy diferente es creer que tenemos la obligación de sentirnos bien todo el tiempo.

La tristeza, el enojo, la frustración, el miedo o el cansancio no son necesariamente indicadores de que algo funciona mal en nosotros. Son emociones humanas. Nos informan, advierten, ayudan a registrar lo que necesitamos e indican que debemos detenernos. El problema no es sentir. El problema es creer que determinadas emociones no deberían existir, cuando la realidad es que todas ellas cumplen una función en nuestro día a día.

Positivismo tóxico

Trabajando contento
Hombre trabajando motivado.
Foto: Freepik.

¿Cuántas veces frente a una situación difícil escuchamos frases como “todo pasa por algo”, “tenés que ser fuerte”, “mirá el lado positivo” o “hay gente que está peor”?

Quizá quienes las dicen tengan buenas intenciones. Sin embargo, cuando utilizamos la positividad para evitar entrar en contacto con aquello que duele, podemos invalidar nuestra propia experiencia.

La regulación emocional no consiste en eliminar las emociones incómodas. Tampoco en quedarnos atrapados en ellas. Se trata de poder reconocerlas, aceptarlas y atravesarlas. Poder entrar y salir de ellas como si tuviéramos una “puerta giratoria emocional” es lo saludable

El tema es que esto puede resultar especialmente difícil en una época que parece pedirnos respuestas inmediatas para todo.

El cansancio también habla. Hay un tipo de cansancio que no se soluciona durmiendo. Es el cansancio de sostener. Sostener responsabilidades, vínculos, el rendimiento. Sostener a otros, además de sostenernos a nosotros mismos. Y muchas veces, también, sostener la apariencia de que todo está bien.

Quizás por eso empezamos a valorar cosas que antes parecían insignificantes: dormir una siesta, cancelar un plan, quedarse en casa, caminar sin apuro, apagar el teléfono, tener una tarde sin objetivos.

No es casual que incluso el descanso adquiera otro significado. Frente a una vida atravesada por la sobrecarga, dormir, desconectarse y no hacer nada aparecen como verdaderos lujos. Tal vez no necesitamos hacer más cosas para sentirnos mejor. Quizás necesitamos dejar de hacer algunas. Estar bien no significa estar feliz. fake Hemos confundido bienestar con alegría permanente.

Una persona emocionalmente saludable también puede sentirse triste, frustrada, enojada, preocupada o agotada. La diferencia no está en no experimentar esas emociones, sino en poder reconocerlas y atravesarlas sin juzgarnos por sentirlas.

La salud mental no consiste en construir una vida sin problemas. Consiste en desarrollar recursos para transitar los problemas que inevitablemente forman parte de la vida. Por eso, quizás deberíamos aceptar que en ocasiones: Cuidarse es ir a terapia, poner un límite sin culpa, dormir, pedir ayuda. Y a veces es aceptar que hoy no estamos bien. Hay días simplemente difíciles. Y también tenemos derecho a transitarlos.

Quizás el verdadero bienestar no consista en estar siempre bien, sino en poder estar en contacto con aquello que sentimos sin juzgarnos por sentirlo ni permitir que nuestro entorno lo haga. En una época obsesionada con la felicidad, permitirnos “un día gris” sin auto catalogarse como débil o vulnerable, puede ser, paradójicamente, una de las formas más saludables de cuidarnos. Y quizás, para empezar a sentirnos realmente mejor, tengamos que dejar de exigirnos estar bien todo el tiempo.

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