El apego es un mecanismo presente en todos los seres humanos y cumple un papel central en la manera en que construimos vínculos afectivos a lo largo de la vida. No es negativo en sí mismo. El problema aparece cuando se desarrolla de forma insegura y empieza a afectar las relaciones de pareja, los vínculos familiares o las amistades.
Entre estos patrones se encuentra el apego ansioso, caracterizado por una necesidad persistente de sentirse seguro emocionalmente y por el temor a que la otra persona se distancie.
La psicóloga chilena Soledad Grunert, especializada en el estudio de los vínculos durante la adultez, explicó el funcionamiento de este estilo de apego en una entrevista con el programa En Blu Jeans. Allí detalló cuáles son sus principales señales y qué herramientas pueden ayudar a modificarlo.
Las señales que pueden alertar sobre un apego ansioso
Según la especialista, el apego responde a una necesidad biológica que forma parte de todos los seres humanos. Lo que puede generar dificultades es la manera insegura en que ese vínculo se construye.
Entre las conductas que pueden funcionar como señales de alerta aparecen:
- Vigilar de forma excesiva qué hace o cómo responde la otra persona.
- Sentir angustia cuando la pareja o un ser querido demora en contestar un mensaje.
- Buscar reiteradamente demostraciones de afecto.
- Tener un temor constante a que la relación termine o que el otro se aleje.
- Insistir, aferrarse o perseguir a la otra persona cuando se percibe distancia o frialdad.
Detrás de estas conductas existe, de acuerdo con Grunert, una necesidad central: asegurarse de que la otra persona continuará presente y emocionalmente disponible.
Un patrón que puede tener raíces en la infancia
El origen de este tipo de apego suele vincularse con experiencias de la infancia en las que los cuidadores respondían de manera irregular a las necesidades emocionales del niño. Esto no implica necesariamente que haya faltado afecto durante la crianza. Lo determinante, según la especialista, es la constancia y la calidad de esas respuestas.
Cuando un niño recibe apoyo en algunas ocasiones, pero no en otras, puede interpretar que no tiene la certeza de que el adulto estará disponible cuando lo necesite. Frente a esa incertidumbre, desarrolla estrategias destinadas a mantener la cercanía.
Con el paso del tiempo, esas estrategias pueden trasladarse a los vínculos adultos y expresarse como una atención permanente a las señales del otro o un temor intenso frente a cualquier indicio de distanciamiento.
El apego ansioso puede modificarse
Una de las dudas habituales es si este patrón permanece durante toda la vida. La respuesta de Grunert es que no se trata de una condición permanente ni de una enfermedad, sino de una forma aprendida de relacionarse y de protegerse. Por eso, puede modificarse a partir de nuevas experiencias emocionales y de vínculos más estables.
El primer paso es reconocer de dónde provienen determinadas reacciones antes de actuar impulsivamente. Para avanzar en ese proceso, la especialista propone:
- Identificar el momento preciso en que aparece la ansiedad dentro del vínculo.
- Diferenciar si el temor surge de una situación concreta o de experiencias anteriores.
- Cuestionar las interpretaciones automáticas que aparecen durante los momentos de tensión.
- Aprender recursos propios para regular las emociones, sin depender exclusivamente de la pareja.
- Construir vínculos caracterizados por una mayor constancia y disponibilidad emocional.
Para la especialista, uno de los principales desafíos consiste en no intentar resolver toda la ansiedad a través de la pareja. Aprender a gestionar las propias emociones resulta fundamental para modificar el patrón y construir relaciones más seguras.
En base a El Tiempo/GDA