Hay personas que, en medio de una discusión, no pueden evitar llorar.
Aunque esta reacción suele generar vergüenza o interpretarse como una señal de debilidad, la psicóloga experta en bienestar y salud integrativa Olga Albaladejo asegura que las lágrimas no siempre están relacionadas con la tristeza.
En declaraciones a CuídatePlus, la especialista explicó que, durante un conflicto, "el cuerpo actúa antes que la voluntad". Es decir, las lágrimas pueden aparecer incluso cuando la persona intenta mantenerse tranquila y expresar con claridad lo que piensa.
Según Albaladejo, durante una discusión intensa la amígdala, una estructura cerebral relacionada con la detección de amenazas, puede activar una respuesta de emergencia. En ese momento aumentan el cortisol y la adrenalina, se acelera el ritmo cardíaco y los músculos se tensan. Si esa activación supera la capacidad de regulación emocional de la persona, el llanto puede aparecer de forma involuntaria.
La especialista aclara que llorar en una discusión no significa necesariamente estar triste. La frustración, la impotencia, la rabia contenida o la sensación de no ser escuchado también pueden desencadenar esta reacción. En otros casos, las lágrimas están vinculadas al miedo de perder una relación, decepcionar a alguien o dejar de sentirse querido.
Además, señala que algunas personas llegan a un conflicto con una carga emocional acumulada tras haber guardado durante mucho tiempo sentimientos que no encontraron otra forma de expresarse.
La manera de reaccionar ante las discusiones también puede estar influida por las experiencias personales. Quienes crecieron en entornos marcados por gritos, críticas o rechazo pueden percibir los desacuerdos como una amenaza emocional. Desde la teoría del apego, las primeras relaciones también influyen en la forma de regular las emociones y afrontar situaciones de vulnerabilidad.
Respecto a las diferencias entre hombres y mujeres, Albaladejo explica que intervienen tanto factores biológicos como culturales. Si bien hormonas como la prolactina y la testosterona pueden influir en la frecuencia del llanto, también pesa la educación emocional recibida. Durante generaciones, a muchas mujeres se les permitió expresar con mayor libertad la tristeza, mientras que a muchos hombres se les enseñó a reprimir las lágrimas.
La psicóloga recomienda no intentar contener el llanto a cualquier precio, sino aprender a regular la intensidad de las emociones. Hacer una pausa antes de llegar al desborde, prestar atención a las primeras señales físicas, respirar de forma lenta e identificar qué se está sintiendo puede ayudar a afrontar mejor estos momentos.
Para quienes están del otro lado de la discusión, el consejo es bajar el tono, hacer una pausa y evitar interpretar las lágrimas como una forma de manipulación. Como resume Albaladejo, "la regulación emocional no se aprende en mitad de una discusión. Se entrena día a día".
En base a El Tiempo/GDA