La posibilidad de que un hombre y una mujer mantengan una amistad sin que intervenga la atracción ha sido tema de debate durante décadas. La pregunta, presente tanto en la cultura popular como en el ámbito académico, ha sido abordada desde la psicología, la biología evolutiva y la ciencia del comportamiento, sin llegar a una respuesta única.
La idea de que la atracción siempre interfiere en estos vínculos fue popularizada por la película Cuando Harry conoció a Sally, donde uno de sus personajes sostiene que “la parte del sexo siempre se mete en el medio”. Años después, esta percepción sigue vigente en muchas conversaciones.
Qué muestran los estudios
Una investigación realizada en 2000 por los psicólogos April Bleske y David Buss, de la Universidad de Texas, analizó cómo estudiantes percibían las amistades con personas del sexo opuesto. Los resultados mostraron diferencias según el género.
Mientras que los hombres identificaban como uno de los beneficios la posibilidad de acceso sexual, las mujeres valoraban más aspectos como la protección. Sin embargo, ambos coincidían en que estas amistades permiten comprender mejor cómo piensa el otro género. La conclusión fue que la respuesta a la pregunta depende, en gran medida, de quién la formule.
Atracción y percepciones
Otro estudio, publicado en 2012 en Scientific American, analizó a 88 pares de amigos y encontró que los hombres reportaban mayor atracción hacia sus amigas que a la inversa.
Además, se detectó una diferencia en la interpretación de esa atracción: los hombres tendían a pensar que su interés era correspondido, mientras que las mujeres asumían que no existía atracción por parte del otro. En otras palabras, ellos sobreestimaban el interés romántico y ellas lo subestimaban.
El contexto de pareja
Una investigación de 2022 publicada en Evolutionary Psychology se enfocó en personas en relaciones de pareja que mantenían amistades con alguien del sexo opuesto.
El estudio encontró que el atractivo físico del amigo influía en el interés sexual en ambos casos, aunque con mayor intensidad en los hombres. En las mujeres, ese interés estaba condicionado por la calidad de su relación de pareja: cuando había satisfacción y apoyo, la atracción no se traducía en deseo.
Las autoras vincularon estos resultados con la hipótesis del “mate switching”, que plantea que estas amistades pueden funcionar como alternativas potenciales de pareja.
La mirada desde la psicología
La psicóloga clínica Macarena Gavric Berrios señala que estos vínculos están atravesados por factores sociales y psicológicos que no suelen aparecer en amistades entre personas del mismo sexo.
“Estos vínculos suelen estar más expuestos a la sexualización y a expectativas externas que los interpretan como potencialmente románticos”, explica. También indica que la interacción con alguien hacia quien existe orientación sexual puede activar procesos de atracción, incluso de forma inconsciente.
Según la especialista, la existencia de atracción no implica necesariamente que la amistad deje de serlo. “Una amistad puede ser completamente real y saludable aun cuando exista atracción, siempre que esta no se convierta en expectativa”, afirma.
Uno de los escenarios más complejos aparece cuando solo una de las partes desarrolla sentimientos románticos, lo que se conoce como asimetría vincular. En estos casos, quien siente más tiende a interpretar señales ambiguas como reciprocidad, mientras que la otra persona puede evitar definiciones claras, generando tensión.
Condiciones para sostener el vínculo
Para que estas relaciones se mantengan de forma clara, la especialista destaca la importancia de establecer límites explícitos, mantener transparencia emocional, actuar con coherencia y revisar el vínculo ante posibles cambios.
También advierte sobre factores que pueden generar ambigüedad, como límites difusos, coqueteo —incluso no intencional—, necesidades afectivas no resueltas o contextos de alta intimidad.
La evidencia científica no descarta la posibilidad de la amistad entre hombres y mujeres, pero indica que estas relaciones suelen desarrollarse bajo condiciones particulares.
Más que una imposibilidad, los estudios coinciden en que la clave está en la claridad del vínculo, una construcción que requiere acuerdos, comunicación y gestión de las expectativas.
En base a El Tiempo/GDA