En este frenesí mundialista, a los uruguayos no se nos escapó la imagen de Cho Gue-sung —jugador de la selección sudcoreana— termo y mate en manos. Sin embargo, la simbología oriental tiene otros exponentes, como las amatistas, cuarzos y ágatas, piedras semipreciosas que abundan en el norte de nuestro país.
Tal vez en futuros mundiales veamos a estrellas del fútbol con collares u otros objetos con alguna de esas piedras. Si eso llegara a ocurrir, Florencia “Opi” Rubio y Carolina Schandy habrán aportado su granito de arena a la imagen del país.
Rubio y Schandy dirigen el proyecto Ágata, emprendimiento que ha crecido lo suficiente como para que estén trabajando para llevar su producto a otros mercados del mundo.
Desde el comienzo, tuvieron claro que uno de los criterios sería unir las formas y colores de esas piedras con distintos objetos, como mesas, cuadros u otros artículos de decoración.
“Ágata Collection, es un proyecto que nace del deseo de mostrar la belleza natural que habita nuestra tierra. Por primera vez en nuestro país, fusionamos dos mundos: nuestras piedras semipreciosas con la mirada del diseño contemporáneo”, explican.
Todo comenzó hace tres años y según cuenta Rubio, la respuesta fue un éxito instantáneo. Al inicio, las socias compartieron un pequeño local en Punta del Este con otro emprendimiento y luego hicieron lo mismo en Montevideo. Pero hace un año, tienen su propio local, y desde ahí —y también online—, la marca construye su identidad y apuntala sus fortalezas para conquistar a cada vez más mercados.
“Transformamos fragmentos únicos de la naturaleza, formados a lo largo de millones de años, en obras de arte, celebrando así su historia y su energía”, detalla Rubio.
Cada pieza es realizada a mano, con respeto por el material y la clara intención de resaltar su esencia, manteniendo vivo su origen.
La idea inicial no pretendía mirar mucho más allá de los límites de la república. “Queríamos mostrarle principalmente a los uruguayos la belleza que tenemos, y cómo el hecho de intervenir distintos objetos con esas piedras potencian su belleza”, relata Rubio y añade que tras confirmar la viabilidad de Ágata en el mercado nacional, el siguiente paso era “salir al exterior”. Y en eso están.
El principal argumento de Ágata es la belleza de los objetos que vende. Las socias se encargan de seleccionar cada una de las piedras que formarán parte de los objetos a comercializar, aunque en alguna que otra ocasión han tenido asistencia del diseñador industrial Claudio Cibile.
“Hoy más que una marca, Ágata es una forma de contarle al mundo lo que somos. Un país pequeño, pero con talento, alma y fuerza creadora. Y nos emociona saber que desde Uruguay, nuestras piezas están llegando a nuevos lugares, dejando con ellas, nuestra huella. Ágata es un homenaje a nuestra tierra y a la armonía que surge cuando la naturaleza y el diseño se encuentran”, remarca la presentación de la firma.
Piedras, más alla de belleza, también energía
Para muchas personas, las piedras tienen un valor que trasciende lo estético. Según la cristaloterapia, cada una representa cualidades y ofrece determinados efectos sobre el estado de ánimo o salud de quien está en permanente contacto con ellas.
Por ejemplo, a las ágatas —dependiendo de su tipo y color—, se le atribuyen efectos como equilibrio emocional, concentración y claridad mental, además del fortalecimiento de la confianza personal.
Las percepciones sobre las cualidades de las piedras tiene un largo historial: civilizaciones como las de del Antiguo Egipto, India y China le atribuyeron poderes protectores o curativos a distintas gemas mucho antes del desarrollo de la ciencia moderna (que ha descartado que las gemas tengan algún tipo de propiedad médica). Sin embargo, muchas personas las siguen utilizando como herramientas de bienestar subjetivo, meditación o práctica espiritual.
Una de las razones que explican esta creencia o comportamiento se relaciona con la psicología: si uno está convencido que una amatista ayuda a calmar la ansiedad, el cerebro activa mecanismos de relajación solo por el acto de sostener o mirar la piedra, que actúa como ancla emocional o mental, que consigue el efecto deseado.
Otra explicación psicológica se llama “efecto Pigmalión”, y asevera que tener una de estas piedras cerca, le recuerda a la persona un propósito o intención y eso de por sí ya modifica el comportamiento.
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