Por qué los niños no siempre hacen caso: la importancia de la calma, los límites y la seguridad emocional

Los adultos pueden ayudar a los niños a regular sus emociones y comprender los límites cuando primero reconocen lo que sienten y construyen un vínculo basado en la seguridad, el respeto y la empatía.

Padres, niño triste
Padres intentan conversar con su hijo, que hace un berrinche.
Foto: Freepik.

Los padres comentan y muchas veces se quejan del comporamiento de sus hijos. Dicen frases como “no me hace caso, no me escucha, se enoja cuando le pongo un límite”. Esto nos invita a revisar la forma en que los adultos nos relacionamos con ellos.

El primer paso importante es saber que los adultos se conectan con lo que ellos mismos están sintiendo en el momento de relacionarse con sus hijos, algo que también es aplicable a nietos y/o alumnos.

El punto es que está sucediendo que los niños no hacen caso a los adultos referentes. ¿Será que dejaron de ser referentes y son percibidos como personas inestables, frágiles, poco firmes que no les transmiten seguridad?

Todos sabemos que actualmente corremos de un lado al otro, las personas tienen muchas actividades y responsabilidades. Lo que provoca todo esto es una tensión que obscurece la posibilidad de crear disponibilidad afectiva para conectarse con los sentimientos y emociones que despiertan los niños.

Si te conectás, podés aceptar lo que estás sintiendo y desde un lugar de tranquilidad podrás conectarte con el pequeño en cuestión.

Sin este previo paso es imposible educarlos, debido a la tormenta de emociones que podés experimentar frente a ellos. Lo importante es que no juzguen ni evalúen lo que están sintiendo, que puede ser rabia, impotencia, la creencia de sentirse malos padres, la desesperación puede aparecer en momentos de tensión. La única salida es aceptarlas sin juicios. Cuando se niegan, pueden aparecer distintas conductas, reacciones, palabras que obstaculizan el vínculo padre- hijo

Woman looking at her child
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Foto: Commons.

Es de esta manera, desde la calma y respeto, que pueden empezar a relacionarse con ellos.

El segundo paso es captar lo que el niño siente para validar así sus sentimientos, sin juzgarlos ni emitir adjetivos que pueden herirlo. La validación emocional es el proceso de reconocer, aceptar y dar sentido a las emociones, tanto del progenitor como del hijo sin minimizarlas ni intentar cambiarlas de inmediato.

Dar sentido a los afectos es un proceso consciente que consiste en entender qué te quiere decir una emoción, reconociéndola como una señal en lugar de un estorbo.

La importancia de transmitir seguridad.

Los niños no escuchan a los adultos cuando están asustados, enojados o avergonzados. Solamente lo hacen con atención cuando se sienten seguros y protegidos. Por eso es importante recordar que los adultos, a pesar de los momentos de estrés que pueden estar experimentando, deben poder transmitirles seguridad.

El vínculo afectivo es lo que da estructura, contiene, sostiene y permite enseñar a los maestros, educar a los padres. Los adultos guían con amor y empatía que son necesarias para que el niño coopere de manera natural.

En determinadas situaciones algo que ayuda considerablemente es intentar buscar soluciones juntos. Tengamos presente que la corrección no es un castigo, sino una oportunidad para educar, enseñar y resolver el problema de manera conjunta, lo cual colabora para fortalecer el vínculo y también le brinda contención al niño. Eso le hará sentirse seguro y abierto a lo que el adulto le transmita.

Hay determinadas frases que son útiles como, por ejemplo: “veo que estás triste o enojado, es normal sentirse así en tu situación, entiendo lo que estas sintiendo y sé que no es fácil”.

La corrección durante la educación es necesaria. Pero no olvidemos que calma ni firmeza se hace difícil de implementar. Es una guía y al mismo tiempo una oportunidad de aprender en base a lo que sucede.

Corregir ayuda al niño a comprender el camino correcto, lo que está bien o está mal, lo que está permitido o prohibido. Muchos pequeños en la actualidad no saben qué conductas o formas de expresión son las correctas porque nadie se lo transmitió en una forma clara.

El pequeño podrá autorregularse y aprender a regular sus emociones y conductas.

Lo más importante es identificar sus errores y mejorarlos, al tiempo de construir confianza en sí mismo para lograr mantener una buena autoestima.

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