Cada vez que se acerca Rosh Hashaná, el Año Nuevo judío, el rabino Mendel Shemtov, codirector y rabino de Beit Jabad Uruguay, encuentra una oportunidad para detenerse, agradecer y volver a empezar. Más allá de su dimensión religiosa, la celebración —que este año comienza al atardecer del 11 de setiembre y termina al anochecer del 13 de setiembre—propone preguntas que pueden interpelar a cualquiera: ¿Para qué estoy acá? ¿Qué clase de persona quiero ser? En esta entrevista, Shemtov reflexiona sobre el propósito, el valor de detenerse antes de hacer, la importancia de cuidar los vínculos y el significado de desear un “año bueno y dulce”.
— ¿Qué sentís cada vez que se acerca Rosh Hashaná?
— Siento una mezcla muy especial de emoción, expectativa y responsabilidad. Es saber que tenemos por delante un año nuevo y, con él, la posibilidad real de volver a empezar. Rosh Hashaná celebra la creación del mundo y, más precisamente, la creación del ser humano. Para mí, ahí hay un mensaje muy importante: si el mundo fue creado, tiene un propósito. Y si cada uno de nosotros fue creado, también estamos acá para algo. Es un momento para parar, agradecer y preguntarnos: ¿Para qué estoy acá? ¿Qué puedo aportar? ¿Qué clase de persona quiero ser?
También me genera mucha esperanza. Nunca estamos definidos solamente por lo que hicimos hasta ayer. Siempre podemos elegir nuevamente y comenzar un nuevo capítulo. Además, este año tiene algo muy especial: Rosh Hashaná comienza el viernes de noche y su primer día es Shabat, el día de descanso semanal en el judaísmo. El Rebe de Lubavitch, Rabí Menajem Mendel Schneerson, de bendita memoria, enseña que esa característica marca e influye sobre todo el año. Me parece un mensaje extraordinario: el año empieza parando. Antes de iniciar con el ritmo de todo el año, nos conectamos con aquello que realmente importa.
— ¿Cómo podemos aprovechar esta fecha para nuestro bienestar?
— Rosh Hashaná nos plantea una pregunta fundamental: si el mundo tiene un propósito, ¿cuál es nuestro propósito dentro de él? Cada persona tiene una misión única, que no significa necesariamente hacer cosas extraordinarias. Muchas veces, está en lo cotidiano: cómo tratamos a nuestra familia, cómo hacemos nuestro trabajo, si vemos a alguien que necesita ayuda. Y este año esa idea tiene un significado adicional: 5787 es un Shaná Meuberet, un año de 13 meses. El calendario judío nos da, literalmente, más tiempo. Me gusta mucho cómo se juntan dos cosas este año: tenemos más tiempo para hacer, pero comenzamos con Shabat, que nos recuerda que, antes de hacer, tenemos que saber para qué hacemos. Quizás una buena pregunta para comenzar el año no sea solamente qué quiero que me pase, sino también qué quiero hacer con el año que recibí.
— En esta fecha, es habitual que las familias se reúnan. ¿Qué enseña el judaísmo para mantener la armonía y cuidar los vínculos?
— Muchas veces, tenemos más paciencia con alguien que conocemos poco que con las personas que más queremos. El judaísmo pone muchísimo énfasis en cuidar la palabra, respetar al otro y buscar la paz. Una reunión familiar no tiene que ser necesariamente el momento para solucionar todas las diferencias ni para demostrar quién tiene razón. A veces hay que saber escuchar, dejar pasar, mirar lo bueno y concentrarnos más en lo que nos une que en lo que nos separa. Hay una enseñanza que para mí es fundamental: cada persona tiene un valor enorme y fue puesta en este mundo con algo único para aportar. Cuando entendemos el valor de la persona que tenemos enfrente, incluso si piensa diferente a nosotros, naturalmente nos relacionamos de otra manera. Y hay algo todavía más sencillo: poder sentarnos alrededor de una mesa, compartir con nuestra familia y tener generaciones juntas es una enorme bendición. A veces hace falta una fecha como Rosh Hashaná para parar y darnos cuenta de eso.
— El saludo habitual es shaná tová umetuká, es decir, ‘año bueno y dulce’. ¿Qué hay detrás de estas palabras? ¿Por qué no se dice ‘feliz año’?
— Hay una profundidad enorme en esas pocas palabras. ¿Por qué ‘bueno y dulce’? Porque algo puede ser bueno, hacernos crecer o llevarnos a un lugar mejor, pero mientras lo atravesamos no necesariamente se siente bien. Por eso pedimos algo más: que el bien sea también dulce. Que podamos verlo y sentirlo como bueno desde el comienzo. Y tampoco es casual que no digamos simplemente “feliz año”. Claro que queremos ser felices, pero la vida no se trata solamente de eso. Queremos tener una vida con propósito, hacer más bien, ayudar más, querer más, agradecer más y estar más presentes para las personas que tenemos cerca. Rosh Hashaná cambia un poco la pregunta. No solamente qué espero que el nuevo año me traiga, sino también qué traeré yo al nuevo año. Una sola buena acción puede tener un impacto muchísimo mayor del que imaginamos y cada uno tiene algo que aportar para acercar el mundo un poco más al propósito para el cual fue creado. Por eso deseamos que 5787 sea para todos un año bueno y dulce, con salud, paz y bendiciones.
Este año, como el primer día de Rosh Hashaná es Shabat, ese día no se toca el shofar (un instrumento de viento que se hace sonar en esta fecha, entre otros momentos). El shofar se toca el domingo, segundo día de Rosh Hashaná, y quisiera aprovechar para invitar a todos a acercarse a escuchar. Es quizás el momento más esencial de la celebración: un sonido simple, sin palabras, que nos invita a despertar, reconectarnos con quiénes somos y comenzar el nuevo año desde ese lugar.