La salud mental no se juega únicamente en el consultorio de un psicólogo. También se construye en una charla con un amigo, en el vínculo con la familia o en una comunidad capaz de sostener a quien atraviesa un momento difícil. Esa es la idea que atraviesa Lo que cura es el vínculo. Salud mental más allá de la terapia, el nuevo libro del psicólogo Alejandro De Barbieri, que cuestiona una mirada centrada en el individuo y propone poner los vínculos en el centro del bienestar emocional. En diálogo con El País, el experto explicó por qué necesitamos recuperar los espacios de encuentro, qué riesgos implica el aislamiento y cómo podemos pasar del autocuidado al cuidado mutuo.
— ¿Qué te llevó a poner el foco en los vínculos?
— El hecho de que no todo el mundo puede acceder a la psicoterapia y que hay 30 mil usuarios de ASSE en lista de espera para recibir atención en salud mental. En muchos lugares del mundo ya se trabaja en la prevención y lo comunitario; por ejemplo, en Colombia, la educación emocional es ley, y la participación y formación de las familias se contempla dentro del marco normativo. Todo esto me fue dando la pauta de que debemos promover un enfoque vincular, que es lo que propone el libro: del cerebrocentrismo al vínculo-centrismo, y del autocuidado al mutuo cuidado. Los psicólogos no estamos en la primera línea del sufrimiento; lo están la familia, los amigos, los compañeros de trabajo.
— ¿Qué riesgos hay con tanta virtualidad e inteligencia artificial? ¿Qué pasa cuando empezamos a “hacernos amigos” de chatbots?
— Una de mis citas preferidas del libro es del papa León XIV, que habló sobre el riesgo de perder el deseo de ir hacia el otro. Es fuerte, ¿no? Cada vez hay más experiencias de jóvenes que están solos, trabajando desde la computadora, sin salir de su cuarto ni teniendo contacto con otras personas. Vemos consecuencias como el aislamiento, el narcisismo, la violencia. Si no nos vinculamos con los demás, se empobrece el alma. Si un nieto no dialoga con su abuelo, si no escucha las historias de su abuela, si hay padres que están cansados y llegan a la casa para ver la televisión y el adolescente está en su cuarto metido en la pornografía o viendo contenidos violentos o radicales… ¿Cuáles son los riesgos? No poder dialogar con el que piensa distinto. No poder dejarse sostener por un otro.
— ¿Cómo podemos recuperar los espacios de encuentro?
— Yendo al gimnasio, saliendo a caminar por la Rambla, meditando, cuidando los vínculos con la pareja, los padres, volviendo a la comunidad. Hay muchas propuestas vinculadas al arte o la literatura que invitan a encontrarse sin pantallas. Uno puede ir al psicólogo de 8 a 9 de la mañana, pero, después, aparece una dificultad laboral, un problema con los hijos, un conflicto con la pareja, una llamada de alguien diciendo que está triste… Todas esas variables influyen en la salud mental. La terapia no se encuentra solo en el consultorio: también está en una salida, en el deporte, en la meditación. Y, además, no todo el mundo puede acceder a la psicoterapia.
— De eso se trata también Revolución del Colibrí, ¿no?
— Exacto. De hecho, la segunda parte del libro —después de capítulos dedicados a prestar atención al cuerpo, las emociones, los vínculos y la espiritualidad— reúne primeros auxilios emocionales, que es el aporte de Revolución del Colibrí. Cómo hablar con una persona que intenta suicidarse, cómo acercarse a un hijo adolescente… Hay, además, un inventario de autocuidado, donde la persona puede hacer un test para evaluar qué podría cambiar, pero también hay uno de mutuo cuidado, que tiene que ver con qué puede hacer por los demás. Quizás vive cerca de un comedor, de una iglesia que tiene un grupo de ayuda social; en fin, salir de casa, ir hacia el otro. Es lo que pasa, justamente, con Revolución del Colibrí. Es increíble lo que cuentan los profesionales de lo bien que les hace ayudar. Hay psicólogos jubilados, por ejemplo, que son voluntarios. Toman los pacientes que pueden y hacen algo por los demás.
— ¿Cómo podemos dejar de estar tan ensimismados en nosotros mismos y cuidarnos mutuamente?
— Viktor Frankl decía que el ser humano es un ser orientado hacia los demás. En este sentido, el libro hace una crítica a las terapias meramente individualistas y verbales, que solo analizan racionalmente lo que le pasa a la persona. Es ahí cuando se corre el riesgo de ensimismarse en uno mismo. Por eso, la importancia del deporte, la meditación, el hablar con otros. Se trata de poner en el centro contextos psicológicos seguros, es decir, la comunidad, el saludable olvido de uno mismo.
Qué es Revolución del Colibrí
Ante las dificultades económicas que muchas personas enfrentan para acceder a la atención psicológica, el escritor, conferencista y psicólogo Alejandro De Barbieri creó Revolución del Colibrí, una iniciativa que busca democratizar el acceso a la salud mental a través del acompañamiento emocional. El proyecto reúne actualmente a unos 150 psicólogos que ofrecen cuatro encuentros gratuitos a quienes necesitan apoyo.
No se trata de un proceso de psicoterapia, sino de un espacio de escucha y orientación. Luego de esos encuentros, si la persona desea continuar con el mismo profesional, puede hacerlo mediante un arancel social que actualmente es de $700 por sesión. La propuesta está abierta tanto a quienes buscan acompañamiento como a psicólogos interesados en sumarse. De Barbieri, fundador de la iniciativa y director de CELAE, plantea así una forma concreta de llevar el cuidado emocional más allá del consultorio y fortalecer las redes comunitarias. Más información en Instagram: @revoluciondelcolibri.