No todo el estrés es malo: la clave psicológica para convertir la tensión en un impulso de rendimiento

El eustrés o estrés positivo aumenta la motivación cuando se percibe el desafío con control; técnicas como la visualización ayudan a entrenarlo.

Concentrado.jpg
Foto: Freepik.

El estrés suele asociarse con algo negativo, pero no siempre tiene consecuencias perjudiciales. Se trata de una respuesta del organismo que aparece ante situaciones percibidas como exigentes o amenazantes y que puede preparar tanto al cuerpo como a la mente para actuar.

La forma en que una persona interpreta una situación y los recursos que cree tener para afrontarla pueden determinar que esa activación resulte útil o termine convirtiéndose en una fuente de malestar. En este contexto, existen dos conceptos que permiten diferenciar sus posibles efectos: eustrés y distrés.

Eustrés: el lado positivo del estrés

Compañeros de trabajo.jpg
Foto: Freerange.

El eustrés es una respuesta de estrés que puede resultar beneficiosa. Se produce cuando una persona interpreta una situación exigente como un desafío que considera capaz de afrontar.

En estas circunstancias, la activación puede favorecer la concentración, la motivación y el rendimiento. Una competencia deportiva, una entrevista laboral, aprender una habilidad nueva o asumir una responsabilidad que se percibe como manejable son algunos ejemplos de situaciones que pueden generar estrés positivo.

Una de las principales características del eustrés es que suele ser temporal y puede estar acompañado de energía, entusiasmo y una sensación de capacidad para superar el desafío.

Distrés: cuando el estrés se vuelve negativo

Estrés laboral (2).jpg
Foto: Commons.

El distrés, en cambio, es la forma de estrés negativo. Aparece cuando las exigencias de una situación son percibidas como superiores a los recursos disponibles para afrontarlas o cuando existe una marcada sensación de falta de control.

Esta respuesta puede manifestarse mediante preocupación, ansiedad, irritabilidad, dificultades para concentrarse, problemas de sueño y fatiga. También pueden aparecer síntomas físicos, como aumento de la frecuencia cardíaca, respiración acelerada y tensión muscular.

Cuando el distrés es intenso o se prolonga durante demasiado tiempo, puede afectar el bienestar y el funcionamiento cotidiano. Entre las circunstancias que pueden favorecerlo se encuentran los problemas económicos, las dificultades laborales, los conflictos personales y las preocupaciones relacionadas con la salud.

¿Por qué una misma situación puede generar respuestas diferentes?

La percepción del estrés desempeña un papel fundamental. Sarah Williams, psicóloga del deporte y del rendimiento y profesora asociada de la Universidad de Birmingham, explica que cuando una persona considera que el estrés puede aportarle beneficios, es más probable que afronte una situación difícil de manera adaptativa.

También influye la valoración que cada individuo hace de sus propias capacidades. Cuando alguien siente que dispone de los recursos necesarios para afrontar una situación exigente, puede interpretarla como un desafío. Si, por el contrario, considera que no tiene las herramientas para hacerle frente, es más probable que la perciba como una amenaza.
Por eso, una entrevista de trabajo puede generar eustrés en una persona que se siente preparada para afrontar el desafío, mientras que para otra puede convertirse en una experiencia de distrés.

¿Cómo diferenciar el eustrés del distrés?

Aunque ambos forman parte de la respuesta de estrés, sus efectos pueden ser diferentes. El eustrés suele ser breve y puede favorecer la energía, la concentración, la motivación y el rendimiento. El distrés, por el contrario, puede provocar ansiedad, preocupación y sensación de desbordamiento, además de dificultar la concentración y disminuir el rendimiento cuando se vuelve intenso o persistente.

Por lo tanto, el objetivo no necesariamente consiste en evitar todas las situaciones estresantes. Comprender cómo funciona el estrés y aprender estrategias para afrontarlo puede ayudar a modificar la respuesta ante determinadas situaciones.

Entre estas herramientas se encuentran técnicas como la visualización, que pueden contribuir a desarrollar una respuesta más adaptativa frente a los desafíos.
Visualizar una situación exigente, como hablar en público, e imaginarse respondiendo con seguridad puede ayudar a asociar la activación propia del estrés con una mayor sensación de control. De esta manera, el objetivo no es dejar de sentir estrés, sino aprender a gestionar el estrés y responder de una manera más adaptativa.

Miembros de un equipo de trabajo cooperando para obtener resultados en un proyecto.
Miembros de un equipo de trabajo cooperando para obtener resultados en un proyecto.
Foto: Canva.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar