El motivo inconsciente por el cual abrazamos almohadas y cómo ayuda a bajar el cortisol, según la psicología

Qué le ocurre al sistema nervioso cuando dormimos entre varias almohadas según la neurociencia: efectos de la presión táctil profunda al dormir con almohadas entre las piernas o brazos.

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Mujer duerme con almohada entre las piernas.
Foto: Freepik.

Para muchas personas, irse a dormir implica algo más que apagar la luz. Antes de cerrar los ojos acomodan dos, tres o más almohadas alrededor del cuerpo, debajo de las piernas o detrás de la espalda. Aunque pueda parecer una simple costumbre, especialistas sostienen que esta preferencia tiene explicaciones tanto psicológicas como fisiológicas.

La psicología del bienestar y las neurociencias plantean que la forma en que organizamos el espacio donde dormimos refleja, en parte, cómo nuestro sistema nervioso busca relajarse y sentirse protegido. En ese contexto, rodearse de almohadas puede convertirse en una estrategia espontánea para favorecer el descanso.

Uno de los mecanismos que explica este comportamiento es la llamada presión táctil profunda (Deep Touch Pressure o DTP). Se trata de una estimulación suave y constante sobre el cuerpo que ha sido estudiada por la literatura científica por sus efectos sobre el sistema nervioso.

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Foto: Commons.

Investigaciones publicadas en Journal of Sleep Medicine and Disorders indican que este tipo de presión contribuye a disminuir la activación del sistema nervioso simpático —responsable de la respuesta de alerta o "lucha o huida"— y favorece la acción del sistema parasimpático, asociado con la relajación.

Entre los efectos observados se encuentran una disminución de los niveles de cortisol, la principal hormona relacionada con el estrés, y un aumento de la liberación de oxitocina, vinculada con la sensación de seguridad, calma y apego. Por eso, en períodos de mayor ansiedad, incertidumbre o exigencia, muchas personas sienten de manera intuitiva la necesidad de crear una especie de "refugio" con almohadas alrededor del cuerpo.

Además, especialistas en medicina del sueño de instituciones como la Harvard Medical School señalan que mantener un entorno nocturno estable ayuda a que el organismo identifique que llegó el momento de descansar. Gestos tan simples como acomodar siempre las almohadas de la misma manera funcionan como una señal que facilita la transición entre la actividad del día y el sueño.

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Foto: Canva.

No todas las personas utilizan varias almohadas por motivos emocionales. En muchos casos, cumplen una función postural que mejora la comodidad durante la noche y reduce tensiones musculares. Las recomendaciones varían según la posición al dormir:

  • Quienes duermen de costado suelen beneficiarse al colocar una almohada entre las rodillas y otra para abrazar, ya que ayuda a mantener alineada la columna y evita sobrecargar la zona lumbar.
  • Quienes descansan boca arriba pueden aliviar la tensión cervical colocando una almohada adecuada bajo la cabeza y otra debajo de las rodillas.
  • Las personas que necesitan dormir con el torso elevado —por ejemplo, por reflujo o ronquidos— suelen utilizar varias almohadas para mantener una leve inclinación que facilite la respiración y reduzca los síntomas.

Llenar la cama de almohadas no siempre responde a una cuestión de comodidad o de decoración. Para algunas personas representa una forma de brindarle al cuerpo apoyo físico; para otras, una herramienta inconsciente para reducir el estrés y generar una mayor sensación de protección antes de dormir. Ambas funciones pueden coexistir y ayudar a que el descanso resulte más reparador.

Con base en La Nación/GDA

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