Niños altamente sensibles: cómo reconocer este rasgo y ayudarlos a manejar sus emociones

Perciben estímulos y emociones con mayor intensidad que otros niños. Cómo identificar sus características y acompañarlos con empatía y contención.

Niño triste
Niño triste.
Foto: Canva.

Los niños altamente sensibles (NAS) nacen con un sistema nervioso que procesa los estímulos físicos, sensoriales y emocionales con mayor intensidad que el promedio. Se estima que este rasgo está presente en cerca del 20% de la población. El concepto fue acuñado en 1996 por la psicóloga estadounidense Elaine Aron.

No se trata de un trastorno ni de una enfermedad, sino de un rasgo de personalidad que aparece desde el nacimiento y que se caracteriza por una alta empatía, un procesamiento profundo de la información, sensibilidad sensorial y tendencia a la sobreestimulación. En adultos se utiliza el término PAS: personas altamente sensibles.

Desde el punto de vista clínico no existe un diagnóstico, ya que no es una patología. Sus características suelen ser identificadas a través de la observación de psicólogos infantiles, psicopedagogos, neuropsicólogos y, especialmente, de los propios padres.

Cómo son los niños altamente sensibles

En los niños altamente sensibles el sistema neurológico procesa los estímulos externos e internos con mayor profundidad, intensidad y precisión que el promedio. Esto se traduce en una elevada reactividad emocional, una percepción sensorial más aguda y una gran capacidad empática.

Son niños que viven las emociones intensamente, tanto las positivas como las negativas. También presentan sensibilidad frente a distintos estímulos: ruidos fuertes, luces intensas, determinados olores, etiquetas de la ropa, texturas o algunos alimentos. Muchas veces perciben detalles que otras personas ni siquiera registran y su forma de procesar la información suele ser diferente.

Además, captan con facilidad los estados emocionales propios y ajenos. Las molestias físicas pueden sentirlas con gran intensidad y, cuando están tristes, enojados o contentos, lo experimentan profundamente.

Niño abrazado a un oso de peluche
Niño abrazado a un oso de peluche
Canva

Suelen ser niños maduros, reflexivos e inquisitivos. A veces les cuesta decidir porque analizan las situaciones en profundidad. También se destacan por su empatía y compasión: perciben rápidamente cómo se sienten sus padres, amigos o compañeros, incluso sin necesidad de palabras.

En algunos casos aparece rumiación de pensamientos y cierta tendencia a quedarse “enganchados” con situaciones o preocupaciones que les cuesta soltar. El hecho de percibir tanta información puede volverlos ansiosos y generar preocupación frecuente.

Otra característica habitual es la sobreestimulación. Los ambientes ruidosos, concurridos o con demasiados estímulos pueden saturarlos rápidamente y provocar llanto, rabietas o necesidad de aislarse. Por eso, muchas veces necesitan momentos de soledad o pausas para poder regularse emocionalmente.
Los cambios inesperados también suelen generarles desborde emocional.

La importancia de comprenderlos

Por las características de estos niños, los padres necesitan desarrollar paciencia y capacidad de contención para que ellos puedan sentirse aceptados y queridos. En ocasiones, a los adultos les cuesta comprender qué le sucede al niño y terminan presionándolo, lo que aumenta la sensación de incomprensión.

Cuando los padres logran entender cómo su hijo procesa los estímulos ambientales, pueden empezar a escucharlo, validarlo y acompañarlo sin juzgarlo.
También es importante respetar sus ritmos, no forzar las interacciones sociales y permitir espacios de descanso. Los ambientes tranquilos y estructurados suelen ayudarlos a disminuir la ansiedad.

Niña triste no quiere comer
Niña triste no quiere comer.
Foto: Freepik.

Del mismo modo, resulta fundamental potenciar sus fortalezas, como la creatividad, la sensibilidad y la empatía. Cuando estos niños son aceptados y acompañados, su hipersensibilidad puede transformarse en una herramienta valiosa para desarrollar recursos emocionales y creativos.

Los niños altamente sensibles no son caprichosos, quejosos ni “raros”. Son niños que perciben el mundo con una intensidad diferente y necesitan ser comprendidos desde la empatía, no desde la crítica o la burla.

Qué puede perjudicar a un niño altamente sensible

Muchas veces los adultos les exigen que “sean fuertes”, que no sean tan sensibles o que dejen de molestarse por determinados detalles. Ese tipo de mensajes suele hacer que se sientan incomprendidos y rechazados.

Convivir con un niño altamente sensible no siempre es sencillo, pero cuando el entorno no logra entender sus características, las dificultades emocionales y sociales pueden intensificarse todavía más.

¿Encontraste un error?

Reportar

Temas relacionados

crianza

Te puede interesar