Mejor hablar (de ciertas cosas): un gesto de resistencia frente a la rapidez del mundo hiperconectado

Santiago Silberman y Ornella Benedetti presentan su nuevo podcast destinado a conversar sobre temas cotidianos desde el psicoanálisis, la filosofía y otras miradas.

Personas reunidas usan el celular
Personas reunidas usan el celular.
Foto: Freepik.

En un momento en que opinar se volvió casi automático, detenerse a conversar parece un gesto contracultural. Con esa intuición nace Mejor hablar, un podcast que realizamos con Ornella Benedetti desde RedPsi y que recientemente se estrenó en Spotify y YouTube. La propuesta es sencilla: abrir un espacio donde la psicología dialogue con otras miradas —la filosofía, la cultura, la experiencia personal— alrededor de preguntas que atraviesan la vida cotidiana, pero que rara vez encuentran tiempo para pensarse con calma.

Nunca fue tan fácil expresar una opinión. Las redes sociales multiplicaron los espacios de intervención pública y convirtieron la reacción inmediata en la forma dominante de participación: se opina sobre política, crianza, vínculos o salud mental con una velocidad que, hace apenas algunos años, hubiera resultado difícil de imaginar. Sin embargo, la expansión de la palabra no vino acompañada necesariamente por una expansión equivalente de la escucha.

Durante mucho tiempo existió, al menos, un pequeño intervalo entre lo que ocurría y lo que se decía sobre eso. No era un tiempo de reflexión profunda, pero sí una pausa mínima: algo sucedía, uno lo pensaba un momento —aunque fuera mal— y recién después hablaba. Hoy ese intervalo tiende a desaparecer porque las plataformas digitales premian la rapidez: cuanto antes se reacciona, mayor visibilidad se obtiene. El pensamiento, en cambio, rara vez funciona bajo esa lógica.

Santiago Silberman y Ornella Benedetti
Psicólogos Santiago Silberman y Ornella Benedetti.
Foto: Cortesía RedPsi.

Ese clima también modifica la manera en que interpretamos nuestras propias experiencias. Cuando las emociones no encuentran tiempo ni palabras, suelen quedar atrapadas entre dos extremos conocidos: la descarga inmediata —un comentario impulsivo, una queja pública— o el silencio completo. Entre el grito y el mutismo, el espacio para elaborar lo que nos sucede se vuelve cada vez más estrecho.

La palabra, por supuesto, no resuelve por sí sola los conflictos, pero sí cumple una función organizadora. Sigmund Freud señalaba que uno de los objetivos del psicoanálisis consiste en transformar el sufrimiento mudo en palabras compartidas; no porque hablar cure de manera automática, sino porque aquello que logra nombrarse comienza también a pensarse.

En ese sentido, el formato del podcast ofrece una posibilidad interesante: recuperar el tiempo de la conversación, sin límite de caracteres y sin la obligación de formular conclusiones inmediatas. Es, en todo caso, un espacio donde las ideas pueden desplegarse, contradecirse e incluso equivocarse antes de convertirse en certezas.

Escuchar música
Mujer con auriculares.
Foto: Freepik.

Los primeros episodios de Mejor hablar parten de un tema particularmente universal: las primeras veces. Aquellas experiencias inaugurales —el primer miedo, el primer fracaso, el primer descubrimiento importante— que todos atravesamos y que, sin embargo, rara vez analizamos con detenimiento.

A partir de allí aparecen también las entrevistas. Entre ellas, una conversación con el filósofo Darío Sztajnszrajber, reconocido por su trabajo de divulgación filosófica en medios y espacios públicos. La charla no se limita a conceptos abstractos; también recorre trayectorias personales, dudas y experiencias que muestran cómo ciertas ideas toman forma en la vida cotidiana.

Con el correr de los episodios se sumarán otras voces: profesionales de la salud, psicólogos e invitados que observan la experiencia cotidiana desde perspectivas diversas. El objetivo no es construir un manual ni reunir especialistas que ofrezcan respuestas cerradas, sino propiciar conversaciones donde distintas miradas se crucen y pongan en tensión aquello que creemos saber.

Después de todo, tanto la filosofía como el psicoanálisis comparten una intuición: muchas veces las preguntas resultan más fértiles que las respuestas apresuradas.

En una época que exige posiciones inmediatas, detenerse a pensar en voz alta constituye, en sí mismo, un pequeño gesto de resistencia. Y también una forma de recordar algo bastante simple: que a veces es mejor hablar.

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