Lo que dejó la marcha del 8M: cómo enseñar a tu hija a cuidar sus derechos, según la psicología

Las consignas que se vieron durante el 8M buscan que las próximas generaciones crezcan con más libertad y menos miedo y, en ese camino, la crianza juega un papel fundamental.

Niña fuerte, autoestima
Niña se muestra fuerte y con alta autoestima.
Foto: Freepik.

Miles de mujeres marcharon el domingo pasado en el marco del Día Internacional de la Mujer. La movilización avanzó por la avenida Avenida 18 de Julio entre cantos, pañuelos y carteles con consignas que hablaban de derechos, autonomía y libertad. Los mensajes escritos a mano decían cosas como: “Ninguno me vuelve a quitar mi paz”, “8 de marzo, día de lucha” o “Quiero que toda niña sepa que su voz puede cambiar el mundo”.

Detrás de esas frases hay una pregunta que muchas familias se hacen: ¿cómo criar niñas que crezcan sabiendo que tienen derechos, que puedan defenderlos y que se animen a ocupar su lugar en el mundo? Desde la psicología, la respuesta no pasa por formar niñas “perfectas” ni por enseñarles a vivir a la defensiva, sino por ayudarlas a desarrollar herramientas emocionales y sociales que les permitan confiar en sí mismas.

Uno de los primeros pasos para construir esa seguridad es validar lo que las niñas sienten y piensan. Cuando los adultos escuchan sus opiniones, las toman en serio y las invitan a participar en decisiones acordes a su edad, están transmitiendo un mensaje poderoso: su voz tiene valor. Unicef señala que esta experiencia cotidiana es clave para que, más adelante, puedan expresar desacuerdos, poner límites o defender sus ideas sin sentir culpa.

Autoestima, amarse a uno mismo
Chica joven mirándose al espejo.
Foto: Freepik.

Otra habilidad fundamental es el aprendizaje de los límites personales. Desde pequeñas, las niñas pueden incorporar que tienen derecho a decir “no” cuando algo las incomoda, ya sea en situaciones de juego, en vínculos sociales o en su propio cuerpo. Esto incluye respetar sus decisiones en cuestiones simples —como si quieren o no dar un beso o un abrazo— y enseñarles que su consentimiento importa.

Cuando las niñas crecen sabiendo que pueden expresar incomodidad o desacuerdo, desarrollan mayor capacidad para proteger su bienestar en diferentes contextos.

La forma en que los adultos se relacionan también transmite mensajes sobre igualdad y respeto. Las niñas observan cómo se distribuyen las tareas en el hogar, cómo se resuelven los conflictos y cómo se habla sobre el lugar de las mujeres en la sociedad. Por eso, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, uno de los aprendizajes más poderosos ocurre a través del ejemplo: ver mujeres que opinan, deciden y participan activamente en distintos ámbitos de la vida.

Madre e hija durmiendo juntas
Madre e hija durmiendo juntas
Foto: Freepik

Unicef también destaca la importancia de estimular la autonomía. Permitir que las niñas prueben, se equivoquen, tomen decisiones y enfrenten desafíos acordes a su edad fortalece su confianza personal. La sobreprotección, en cambio, puede transmitir la idea de que el mundo es demasiado peligroso o que ellas no tienen recursos para enfrentarlo.

Finalmente, enseñar sobre derechos no tiene por qué ser un tema abstracto. Puede empezar con conversaciones simples sobre justicia, igualdad y respeto en la vida cotidiana. Explicar que todas las personas merecen ser tratadas con dignidad, que nadie tiene derecho a hacerlas sentir menos o a imponerles límites injustos, forma parte de la educación emocional y social.

Las consignas que se vieron en las calles de Montevideo durante el 8M hablan de una aspiración colectiva: que las próximas generaciones crezcan con más libertad y menos miedo. En ese camino, la crianza también juega un papel fundamental.

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