La trampa de esperar: por qué aferrarse a una oportunidad puede convertirse en un desgaste emocional

La coach y terapeuta emocional Celina Cocimano reflexionó sobre la tendencia a permanecer esperando respuestas, oportunidades o vínculos que no llegan y explicó cómo esa actitud puede afectar el bienestar emocional.

Ansiedad
Mujer sufre una crisis de ansiedad.
Foto: Freepik.

Muchas personas pasan meses o incluso años aguardando que ocurra algo que desean profundamente: una oportunidad laboral, una convocatoria, una reconciliación o el reconocimiento de alguien. Sin embargo, cuando esa expectativa se prolonga indefinidamente, la espera puede transformarse en una fuente de frustración y desgaste emocional.

Esa fue la reflexión compartida por Celina Cocimano a través de sus redes sociales, donde invitó a repensar la tendencia a quedarse detenidos frente a situaciones que no avanzan.

Según explicó, es frecuente que las personas depositen sus expectativas en factores externos y permanezcan a la espera de que alguien las convoque, las tenga en cuenta o les abra una puerta. El problema surge cuando esa oportunidad nunca llega y, aun así, la persona continúa esperando.

Cuando la espera empieza a doler

Para ilustrar su planteo, la especialista recurrió a una situación cotidiana: la necesidad urgente de ir al baño y encontrarse con un único compartimento ocupado.

A medida que pasa el tiempo, explicó, la incomodidad aumenta y llega un momento en que permanecer esperando deja de ser una opción razonable. Frente a esa situación, lo natural sería buscar otra alternativa.

La terapeuta señaló que algo similar ocurre en distintos aspectos de la vida. Cuando alguien permanece demasiado tiempo aguardando una respuesta o una oportunidad, puede perder de vista otros caminos posibles y desperdiciar energía en algo que quizás nunca suceda.

Celular, angustia, ansiedad
Foto: Freepik.

Buscar nuevas puertas

De acuerdo con Cocimano, muchas veces las personas se concentran tanto en una única posibilidad que dejan de percibir otras oportunidades disponibles. Esa fijación puede generar una sensación de estancamiento y la idea de que la vida está en pausa.

Por eso, propuso hacerse una pregunta sencilla cuando una situación parece no avanzar: ¿vale la pena seguir esperando o es momento de explorar otras alternativas?

La especialista sostuvo que no siempre las puertas se abren de la manera esperada y que, en ocasiones, es necesario construir nuevos caminos en lugar de permanecer frente a una oportunidad que no se concreta.

Ansiedad, angustia, pánico
Hombre estresado.
Foto: Freepik.

Desde esta perspectiva, aceptar que algo no ocurrió como se deseaba no implica resignación, sino la posibilidad de redirigir la energía hacia espacios más alineados con los propios objetivos.

El mensaje final apunta a recuperar la capacidad de acción. En lugar de quedar atrapados en una espera que se prolonga sin resultados, la propuesta es animarse a buscar nuevas posibilidades y reconocer que, muchas veces, el próximo paso depende de la decisión de avanzar.

En base a La Nación/GDA

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