La infidelidad atraviesa a parejas de distintas generaciones y, a medida que cambian las formas de entender los vínculos, también surgen preguntas sobre qué conductas implican realmente una ruptura de los acuerdos. En una entrevista, el psicoanalista Gabriel Rolón reflexionó sobre el deseo y cuestionó la idea de que sentir atracción por otra persona constituya, por sí mismo, una infidelidad.
Según explicó, la respuesta depende de los pactos establecidos dentro de cada pareja. En ese sentido, diferenció entre aquello que una persona puede sentir o imaginar de manera espontánea y las decisiones que toma a partir de esos deseos.
Rolón planteó que no debería considerarse una infidelidad el hecho de sentir atracción por alguien más si eso no contradice un acuerdo previo entre los integrantes de la pareja. A su entender, exigir como condición que nunca se desee a otra persona supone establecer un compromiso difícil, o directamente imposible, de cumplir.
Fantasía, deseo y responsabilidad
El especialista señaló que la atracción puede aparecer de manera espontánea frente a otra persona y que eso no significa necesariamente que vaya a traducirse en una conducta. Para Rolón, la fantasía no siempre puede controlarse y el deseo puede surgir simplemente ante un estímulo.
La diferencia, sostuvo, está en lo que cada persona decide hacer después con ese deseo. Sentir atracción, entonces, no equivale automáticamente a llevar adelante una conducta que pueda afectar el vínculo.
En esa línea, también cuestionó la tendencia a juzgarse por pensamientos o deseos que no dependen completamente de la voluntad. El punto central, según su planteo, aparece cuando existe una decisión concreta de actuar.
Cada decisión tiene un costo
Para Rolón, asumir un deseo también implica hacerse cargo de sus posibles consecuencias. No se trata solamente de determinar si algo está bien o mal, sino de reconocer que cada decisión dentro de una relación puede tener un impacto.
Desde esa perspectiva, la responsabilidad no estaría en la aparición del deseo, sino en la elección que se hace frente a él. Cada persona, sostuvo el psicoanalista, decide qué consecuencias está dispuesta a asumir y cuáles prefiere evitar.
Así, la infidelidad no quedaría definida únicamente por la existencia de una atracción o una fantasía, sino por los acuerdos que una pareja haya establecido y por las acciones que cada integrante decida llevar adelante.