Empresario y tecnólogo Santiago Bilinkis: "Un mal resultado no convierte una buena decisión en una mala"

El problema no es elegir, sino cómo nuestro cerebro procesa lo que deja atrás; entender que toda elección implica renuncias permite soltar la fantasía de la decisión perfecta.

Santiago Bilinkis, tecnólogo y emprendedor
Santiago Bilinkis, tecnólogo y emprendedor.
Foto: Archivo El País.

Redacción El País
Elegir ir a la playa y disfrutar del sol, el mar y el descanso puede ser una gran decisión. Sin embargo, en algún rincón de la cabeza aparece la imagen de la caminata por la montaña que no fue. Esa leve incomodidad, esa nostalgia por lo no elegido, tiene nombre: costo de oportunidad. Así lo explicó el empresario y divulgador argentino Santiago Bilinkis en un reel reciente que se volvió viral por poner en palabras una sensación común, pero pocas veces reconocida.

Según Bilinkis, toda decisión —incluso una buena— implica una renuncia. No podemos tenerlo todo, y ese límite genera una pequeña tristeza inevitable. El problema no es elegir, sino cómo nuestro cerebro procesa lo que deja atrás. En lugar de disfrutar plenamente lo que tiene, muchas veces se queda enganchado en lo descartado.

La psicología respalda esta idea. El psicólogo estadounidense Barry Schwartz, autor de La paradoja de la elección, demostró que cuantas más opciones analizamos, menos satisfechos tendemos a quedar, incluso cuando elegimos aquello que más nos gusta. El cerebro no suelta fácilmente las alternativas descartadas y eso erosiona el disfrute de la elección final.

En un contexto cotidiano —vacaciones, trabajo, vínculos, mudanzas— este fenómeno se intensifica. Cuanto más comparamos y más escenarios imaginamos, mayor es la probabilidad de sentir que algo quedó pendiente. No porque la decisión haya sido mala, sino porque el abanico de posibilidades era amplio.

Mujer concentrada, pensando.
Mujer concentrada, pensando.
Foto: Freepik.

Elegir para no arrepentirse (y no para ser feliz)

Bilinkis plantea otro punto clave: muchas veces no elegimos buscando felicidad, sino intentando evitar el arrepentimiento. En lugar de preguntarnos qué deseamos, nos preguntamos qué nos dolería menos perder. Así, las decisiones se toman desde el miedo y no desde el deseo, con el objetivo de minimizar el malestar en vez de maximizar el bienestar.

Este mecanismo puede llevar a elecciones conservadoras, poco alineadas con lo que realmente queremos, y a una sensación de insatisfacción persistente. Aceptar que toda elección implica una pérdida —y que eso es parte natural del proceso— ayuda a aliviar esa carga emocional.

Uno de los conceptos más contundentes que plantea Bilinkis es el del arrepentimiento retroactivo: evaluar decisiones pasadas con información que no teníamos en ese momento. “El diario del lunes”, como suele decirse. La psicología cognitiva advierte que esta forma de juicio es injusta y poco realista, porque todas las decisiones se toman con datos incompletos. En ese sentido, decidir es siempre una apuesta.

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Hombre pensando.
Foto: Freepik.

"Un mal resultado no convierte una buena decisión en una mala", afirma el experto. Del mismo modo, que algo haya salido bien no significa que haya sido una decisión sabia. Lo ilustra con una metáfora clara: cruzar una avenida con el semáforo en rojo y llegar sano no convierte ese acto en una buena decisión, solo en una que tuvo suerte.

Desde una mirada de bienestar, el aprendizaje es claro: aceptar el costo de oportunidad reduce el remordimiento. Entender que toda elección implica renuncias permite soltar la fantasía de la decisión perfecta y habitar con más calma lo que sí elegimos.

Elegir no es fallar. Es, simplemente, asumir que vivir implica optar, perder y ganar al mismo tiempo. Y que, muchas veces, el verdadero alivio no está en elegir mejor, sino en dejar de castigarnos por no haber podido elegirlo todo.

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