Redacción El País
La pregunta se repite una y otra vez después de una separación: ¿cuánto tiempo se necesita para olvidar a un ex? La ciencia descarta fórmulas rápidas y muestra que el proceso depende de múltiples variables personales, emocionales y neurobiológicas, muy lejos de recetas universales.
Lo que dicen los datos: el vínculo no se corta de un día para el otro
Una investigación realizada en Estados Unidos, liderada por Jia Y. Chong y R. Chris Fraley, de la Universidad de Illinois, analizó a más de 300 adultos con relaciones de pareja ya finalizadas. Los resultados sugieren que el apego emocional puede tardar, en promedio, algo más de cuatro años en debilitarse y hasta ocho en disolverse casi por completo.
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Los propios autores aclaran que se trata de promedios y que la variabilidad individual es grande: en algunos casos, el lazo nunca desaparece del todo. Uno de los factores más claros que explica esa persistencia es mantener contacto con la expareja, incluso de forma esporádica.
Por qué el cerebro queda “atrapado” en el pasado
Desde la neurociencia, el neurólogo Alejandro Andersson explica que una expareja funciona como una especie de “modelo predictivo” para el cerebro. Durante la relación, esa persona ayudó a regular emociones, reducir el estrés y activar circuitos de recompensa, funciones que quedan distribuidas en distintas áreas cerebrales.
Aunque el vínculo termine, esas huellas no se borran automáticamente. El cerebro aprendió que esa persona estaba asociada al alivio y al placer, y por eso puede seguir “buscándola”, aun cuando ya no esté. No se trata solo de nostalgia, sino de un proceso más profundo: redefinir la propia identidad sin el otro.
El duelo amoroso desde la psicología
Para la psicóloga Micaela Zappino, especializada en salud mental, los hallazgos del estudio son coherentes con la práctica clínica. Advierte, sin embargo, que el duelo amoroso no es lineal ni igual para todos. Más que tomar los ocho años como una cifra literal, propone pensarlos como una referencia orientativa.
Entre los factores que pueden volver más difícil superar una ruptura, enumera el estilo de apego, la dependencia emocional, las separaciones abruptas o con conflictos no resueltos, la idealización del vínculo y la falta de red de apoyo. También pesan los proyectos compartidos, la convivencia o la presencia de hijos.
Redes sociales y la ilusión de continuidad
Tanto la psicología como la neurociencia coinciden en un punto clave: las redes sociales pueden enlentecer el proceso. Seguir viendo al ex, saber qué hace o con quién está, sostiene fantasías y comparaciones que reactivan el apego. En algunos casos, aplicar un “contacto cero” —al menos por un tiempo— puede ser una estrategia saludable para permitir que el cerebro se reajuste.
Separación, muerte y el mito del “reset”
Aunque el duelo por ruptura y el duelo por muerte comparten circuitos cerebrales ligados al dolor social, hay una diferencia central: tras una separación, la otra persona sigue existiendo. Esa posibilidad de reencuentro mantiene activo el sistema de búsqueda, lo que dificulta el cierre.
Lejos de la idea de un “reinicio” biológico, los especialistas coinciden en que no hay un borrado automático de los recuerdos afectivos. Cuando el malestar se vuelve persistente, interfiere con la vida cotidiana o se acompaña de ansiedad o síntomas depresivos, la consulta profesional puede ser una herramienta clave para atravesar el proceso.
En definitiva, olvidar a un ex no responde a un cronómetro exacto. Es un camino personal, atravesado por la historia del vínculo, el contexto y la capacidad de elaborar la pérdida. La ciencia ayuda a entender por qué duele y por qué lleva tiempo, pero también confirma que el cambio, aunque lento, es posible.
En base a La Nación/GDA