Redacción El País
Un estudio reciente reveló que Toxoplasma gondii, un parásito que puede alojarse de forma permanente en el cerebro humano, presenta una actividad biológica mucho más compleja de lo que se creía hasta ahora. Se trata de un hallazgo que replantea lo que durante décadas se asumió sobre la forma en que este agente infeccioso sobrevive en el organismo.
Se estima que cerca de un tercio de la población mundial convive con este parásito, muchas veces sin saberlo. La infección suele producirse por contacto con heces de gatos infectados y, principalmente, por el consumo de carne cruda o mal cocida. En la mayoría de las personas, el sistema inmunológico logra mantenerlo bajo control, aunque esto no impide que permanezca en el cuerpo de por vida.
Durante años, se pensó que los quistes microscópicos que se forman en tejidos como los músculos, el corazón y el cerebro funcionaban únicamente como estructuras pasivas, donde el parásito quedaba “dormido”. Sin embargo, nuevas investigaciones indican que estos quistes son mucho más activos desde el punto de vista biológico.
Los científicos descubrieron que cada quiste no alberga un solo tipo de parásito, como se creía, sino múltiples subtipos con funciones diferentes. Esto significa que no se trata de simples depósitos inertes, sino de verdaderos centros activos que cumplen un rol clave en la supervivencia, propagación y posible reactivación del parásito.
Los quistes se encuentran con mayor frecuencia dentro de las neuronas, aunque también pueden aparecer en el músculo esquelético y en el músculo cardíaco. Una vez establecidos, resultan extremadamente resistentes y no pueden ser eliminados con los tratamientos disponibles en la actualidad.
En la mayoría de los casos, la infección no provoca síntomas evidentes. Sin embargo, cuando el sistema inmunológico se debilita, los parásitos pueden reactivarse y causar daños graves, especialmente a nivel cerebral u ocular. En mujeres embarazadas, la infección representa un riesgo adicional, ya que puede generar complicaciones severas en el desarrollo del feto.
Un cambio en la forma de entender la infección
Gracias al uso de técnicas avanzadas de análisis celular, los investigadores lograron identificar una diversidad inesperada dentro de los quistes. Aunque todos los parásitos presentes pertenecen a la misma fase del ciclo vital, cumplen funciones distintas y algunos están especialmente predispuestos a reactivarse y provocar enfermedad.
Este nuevo enfoque desafía el modelo clásico que describía el ciclo del Toxoplasma gondii como una transición simple entre dos estados. En cambio, muestra una organización mucho más compleja, con subpoblaciones especializadas que explican por qué el parásito puede persistir durante toda la vida del huésped.
Actualmente, los tratamientos disponibles permiten controlar la fase aguda de la infección, cuando el parásito se multiplica rápidamente, pero no logran erradicarlo del organismo. Estos hallazgos abren nuevas líneas de investigación para comprender mejor la infección crónica y desarrollar terapias más eficaces en el futuro.
En base a El Tiempo/GDA
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