Redacción El País
El regreso a clases no solo trae cuadernos nuevos y horarios ajustados: también vuelve a poner en discusión un problema silencioso que afecta a miles de niños y adolescentes. El peso excesivo de las mochilas escolares continúa siendo motivo de preocupación entre especialistas en salud infantil, que advierten sobre sus consecuencias a corto y largo plazo.
Una investigación académica realizada por la Universidad Manuela Beltrán (UMB) puso cifras concretas a esta problemática. El estudio analizó listas de útiles, cronogramas escolares y el contenido real de las mochilas, y reveló que muchos estudiantes cargan diariamente un peso que duplica o incluso triplica el límite recomendado para su edad y contextura física. Esta situación se repite tanto en primaria como en secundaria.
Según los expertos, el peso de la mochila no debería superar el 15 % del peso corporal del estudiante. En términos prácticos, un niño de 7 años que pesa alrededor de 25 kilos no debería llevar más de 2 kilos sobre la espalda. Sin embargo, el relevamiento detectó mochilas que alcanzan los 7,5 kilos, con una combinación de libros, cuadernos, cartucheras, loncheras y otros objetos que no siempre son necesarios para la jornada escolar.
Odeth Torres, fisioterapeuta de la Universidad Manuela Beltrán, explica que exceder ese límite obliga al cuerpo a adoptar posturas compensatorias. “La maleta escolar no debe pesar más del 10 al 15 % del peso corporal del estudiante. Superar ese rango genera una inclinación hacia adelante y sobrecarga hombros y espalda”, señala.
Durante la infancia y la adolescencia, el sistema musculoesquelético aún se encuentra en desarrollo, lo que incrementa la susceptibilidad a lesiones por cargas repetitivas. Aunque los síntomas no siempre aparecen de inmediato, la especialista advierte que, con el tiempo, pueden manifestarse dolores cervicales, dorsales y lumbares, fatiga persistente y alteraciones en la forma de caminar.
En una jornada escolar habitual, un alumno de primaria suele cursar materias como Lengua, Matemáticas, Ciencias, Inglés y Ciencias Sociales. Esto implica trasladar entre cuatro y cinco cuadernos, además de libros de apoyo, agenda y cartuchera.
Cuando se suman los pesos reales de cada elemento, el problema se vuelve evidente. Una mochila vacía puede pesar entre 900 gramos y 1,3 kilos; cinco cuadernos aportan entre 1,6 y 2 kilos; un libro o diccionario suma entre 600 y 900 gramos; la cartuchera equipada entre 400 y 600 gramos; un termo con agua entre 600 y 800 gramos; la lonchera con alimentos entre 700 gramos y 1 kilo; y una campera u objeto adicional entre 300 y 500 gramos. En total, el peso diario puede oscilar entre 5,5 y 7,5 kilos, sin contar materiales artísticos, de laboratorio o juguetes que muchos estudiantes también llevan.
Si bien las mochilas con ruedas reducen la carga directa sobre la columna, tampoco están exentas de riesgos. Torres explica que su uso prolongado puede generar tracciones repetitivas sobre un mismo brazo y provocar una inclinación lateral del tronco. Esto puede aumentar el dolor en cuello, hombros, espalda, caderas y rodillas, especialmente cuando se utilizan a diario en superficies irregulares o en escaleras.
La especialista subraya que la prevención no depende solo de las familias. Desde su perspectiva, los centros educativos pueden desempeñar un rol clave mediante campañas de control del peso de las mochilas, charlas informativas para padres y alumnos, talleres de higiene postural y la reducción del material físico a través de herramientas digitales o el uso de casilleros.
En base a El Tiempo/GDA