Redacción El País
Con el inicio del año lectivo a la vuelta de la esquina, muchas familias encaran uno de los gastos más importantes del calendario: uniformes, útiles escolares y zapatos. En ese apuro, es habitual que aparezca una idea instalada desde hace generaciones: comprarle el calzado un poco más grande al niño “para que le rinda todo el año”. Sin embargo, especialistas advierten que esta práctica puede traer consecuencias para la postura, la comodidad y el rendimiento escolar.
Elegir mal el calzado infantil no es un detalle menor. Un zapato que no se ajusta correctamente puede provocar tropiezos, cansancio, distracciones en clase e incluso interferir con el desarrollo natural del pie, que durante la infancia y la adolescencia está en pleno crecimiento.
Por qué un zapato grande no es una buena idea
Desde la pediatría se insiste en que el tamaño del zapato cumple un rol clave en la forma de caminar, el equilibrio y la alineación corporal. Cuando el calzado es más grande de lo necesario, el pie pierde estabilidad y la pisada se vuelve insegura.
Los expertos señalan que un zapato escolar sobredimensionado puede generar una mala pisada, sobrecarga muscular y, con el tiempo, problemas musculoesqueléticos. A esto se suma la fatiga que sienten muchos niños al pasar varias horas del día con un calzado incómodo, algo que impacta directamente en la concentración y el bienestar dentro del aula.
Cómo elegir zapatos escolares adecuados
A la hora de comprar zapatos para el colegio, hay algunos criterios básicos que conviene priorizar por encima del diseño o la moda. Uno de ellos es la flexibilidad de la suela, que debe permitir un movimiento natural del pie y contar con buen agarre para evitar resbalones.
El ajuste es otro punto central. Se recomienda que exista un espacio aproximado de un centímetro entre el dedo más largo y la punta del zapato. Más que eso, el calzado queda suelto; menos, puede apretar y generar molestias. Además, el niño no debería sentir roces, ampollas ni que el talón se le salga al caminar.
También es clave observar la comodidad desde el primer uso. Un buen zapato no debería “ablandarse con el tiempo”: si molesta al probarlo, probablemente no sea la mejor opción. Priorizar el confort ayuda a prevenir cansancio, dolores y distracciones durante la jornada escolar.
Materiales, control y prevención
El material del calzado también importa. Optar por zapatos transpirables permite que el pie se mantenga seco y fresco, reduciendo el riesgo de irritaciones y hongos. A su vez, el zapato debe ser lo suficientemente flexible como para que los dedos se muevan con libertad y los músculos del pie se desarrollen de forma adecuada.
En esa línea, podólogos recomiendan que los niños tengan controles periódicos del pie, del mismo modo que se realizan revisiones oftalmológicas u odontológicas. Una evaluación a tiempo puede detectar alteraciones en la pisada y prevenir problemas a futuro.
Cuidar la salud del pie desde la infancia no es un lujo ni una cuestión estética. Elegir la talla correcta y un buen zapato escolar es una inversión directa en el bienestar, el desarrollo y la calidad de vida de los niños, dentro y fuera del aula.
En base a El Tiempo/GDA