Redacción El País
Aunque el ajo ocupa un lugar privilegiado en la cocina y en la medicina popular, no todas las personas deberían consumir ajo de forma habitual. Este alimento, valorado por sus efectos positivos sobre la salud cardiovascular y su acción antimicrobiana, también puede generar efectos adversos en determinados grupos. Por eso, conocer quiénes no deben comer ajo es clave para evitar riesgos innecesarios.
Utilizado desde hace siglos tanto como condimento como en preparaciones caseras, el ajo sigue despertando interés en el ámbito de la salud natural y la medicina alternativa. Sin embargo, especialistas advierten que su consumo no es inocuo en todos los casos y que existen situaciones en las que conviene limitarlo o directamente evitarlo.
Qué es el ajo y por qué tiene efectos tan potentes
El ajo (Allium sativum) pertenece a la misma familia que la cebolla y el puerro. Su principal compuesto activo es la alicina, una sustancia que se libera al triturarlo o picarlo y que explica tanto su olor intenso como muchos de sus efectos biológicos.
Esta molécula es la responsable de gran parte de sus propiedades sobre el sistema cardiovascular, la circulación sanguínea y la acción antibacteriana que se le atribuye. Sin embargo, esa misma potencia es la que puede resultar problemática para personas con determinadas condiciones de salud.
Usos más frecuentes del ajo en la salud cotidiana
Más allá de su rol en la gastronomía, el ajo es uno de los ingredientes estrella de los llamados remedios caseros. Popularmente se le adjudican beneficios como:
- Ayudar a regular el colesterol y la presión arterial
- Colaborar en el control del azúcar en sangre
- Aliviar molestias digestivas leves
- Aportar beneficios en casos de hígado graso
Si bien algunos de estos efectos cuentan con respaldo científico parcial, su uso no sustituye tratamientos médicos y debe evaluarse según cada caso particular.
Quiénes deberían evitar o limitar el consumo de ajo
A pesar de sus virtudes, hay situaciones en las que comer ajo puede ser contraproducente. Entre los principales grupos de riesgo se encuentran:
- Personas con alergia al ajo, que pueden presentar desde reacciones cutáneas hasta cuadros severos.
- Quienes tienen problemas de coagulación o están próximos a una cirugía, ya que el ajo puede favorecer el sangrado.
- Personas con trastornos gastrointestinales como colon irritable, reflujo o úlceras, debido a su contenido de fructanos.
- Pacientes con presión baja o hipoglucemia, ya que el ajo puede potenciar estos descensos.
- Quienes toman anticoagulantes, ciertos tratamientos para VIH o anticonceptivos, por posibles interacciones.
- Personas con problemas de tiroides, piel sensible o durante el embarazo, situaciones en las que se recomienda especial cautela.
Un alimento saludable que no es para todos
El ajo sigue siendo un alimento valioso dentro de una alimentación equilibrada, pero no debe consumirse de forma indiscriminada. Como ocurre con muchos productos naturales, lo que es beneficioso para algunos puede resultar problemático para otros.
Ante dudas o condiciones médicas preexistentes, lo más recomendable es consultar con un profesional de la salud antes de incorporar o intensificar el consumo de ajo, incluso en su versión “natural” o casera.
En base a El Tiempo/GDA