La inteligencia suele asociarse con una capacidad innata, aunque también existe evidencia de que el aprendizaje y determinados hábitos pueden contribuir al desarrollo de las habilidades cognitivas. ¿Es posible volverse más inteligente por cuenta propia? Según tres investigadores especializados en psicología y educación, sí es posible mejorar la memoria, fortalecer el aprendizaje y desarrollar estrategias para pensar y resolver problemas mediante la práctica constante y métodos de estudio adecuados.
En el libro Make It Stick: The Science of Successful Learning (La ciencia del aprendizaje exitoso), Peter C. Brown, Henry L. Roediger III y Mark A. McDaniel presentan recomendaciones para optimizar el funcionamiento de la memoria, favorecer la retención de información y mejorar la capacidad de aprender. Su propuesta cuestiona algunas técnicas tradicionales de estudio y destaca la importancia de adoptar hábitos que permitan consolidar los conocimientos a largo plazo.
Uno de los conceptos centrales de la obra es la práctica espaciada, una técnica de estudio que consiste en distribuir las sesiones de repaso a lo largo del tiempo, en lugar de concentrar todo el esfuerzo en una única jornada intensiva antes de un examen.
Mark A. McDaniel, especialista en psicología cognitiva y educación, ha dedicado buena parte de su trayectoria a investigar cómo influye esta estrategia en el aprendizaje. La evidencia que analiza muestra que el intervalo entre las sesiones de práctica puede influir en la retención y recuperación de información a largo plazo. Por eso, distribuir el estudio en diferentes momentos constituye una alternativa a las jornadas maratónicas de última hora.
La idea también invita a revisar las expectativas sobre el aprendizaje: incorporar conocimientos de manera duradera no siempre resulta fácil ni inmediato. En palabras de McDaniel, “aprender sin esfuerzo es como escribir en la arena: hoy está y mañana ya no”. El libro, escrito junto con Brown y Roediger, reúne además reflexiones sobre los hábitos que favorecen el aprendizaje y los errores que cometemos al evaluar nuestro propio progreso. Entre ellas, se destacan cuatro ideas:
- “Uno de los mejores hábitos que un estudiante puede cultivar es la autoevaluación regular para recalibrar su comprensión de lo que sabe y lo que no sabe”.
- “Somos malos jueces para saber cuándo aprendemos bien y cuándo no”.
- “Cuando no nos sentimos productivos nos vemos atraídos por estrategias que parecen más fructíferas, sin darnos cuenta de que los beneficios de estas suelen ser temporales”.
- “Nos sentimos atraídos por las narrativas que mejor explican nuestras emociones. De esta manera, los recuerdos que organizamos de forma significativa son los que mejor recordamos”.
Cuatro técnicas respaldadas por la psicología cognitiva para entrenar la inteligencia
Mejorar el aprendizaje y la memoria requiere paciencia, constancia y una elección adecuada de las estrategias de estudio. Según los autores de Make It Stick, métodos muy populares, como subrayar o releer repetidamente los apuntes, pueden generar una falsa sensación de dominio: el contenido parece familiar, pero eso no significa que podamos recordarlo o aplicarlo sin ayuda.
Frente a estas prácticas, los investigadores proponen técnicas que exigen una participación activa y un esfuerzo mental mayor. Estas dificultades, cuando son manejables y están bien orientadas, pueden favorecer un aprendizaje más profundo y duradero.
1. Practicar la recuperación de información
Releer los apuntes una y otra vez es una de las estrategias más habituales para estudiar, pero no necesariamente una de las más eficaces para retener conocimientos a largo plazo. Una alternativa es intentar recordar la información sin consultar el material, mediante preguntas de autoevaluación, tarjetas de estudio o explicaciones en voz alta.
Este procedimiento, conocido como práctica de recuperación, obliga al cerebro a buscar activamente los conocimientos almacenados en la memoria. El esfuerzo por recuperar una idea contribuye a consolidar el aprendizaje, mientras que los errores permiten identificar qué contenidos todavía necesitan repasarse. En lugar de limitarse a reconocer una respuesta al leerla, el estudiante comprueba si realmente puede recordarla por sus propios medios.
2. Distribuir las sesiones de estudio en el tiempo
Estudiar durante muchas horas seguidas antes de un examen puede ayudar a recordar determinados contenidos durante un período breve, pero no garantiza que permanezcan en la memoria. Para favorecer la retención de información a largo plazo, los investigadores recomiendan dividir el estudio en sesiones separadas. La práctica espaciada consiste en volver sobre un tema después de dejar transcurrir cierto tiempo, en lugar de repetirlo de manera continua en una misma jornada. Retomar el material cuando parte de la información comienza a olvidarse exige un esfuerzo adicional para recuperarla y puede fortalecer su consolidación.
Este método permite reemplazar las maratones de estudio por una rutina más distribuida, que favorece la incorporación progresiva de conocimientos y la posibilidad de recordarlos cuando se necesitan.
3. Alternar diferentes temas y ejercicios
Concentrarse exclusivamente en un tipo de ejercicio hasta dominarlo puede generar una sensación de progreso rápido. Sin embargo, esa práctica no siempre prepara al estudiante para reconocer qué procedimiento debe aplicar ante un problema diferente. Una estrategia alternativa es intercalar temas, ejercicios o habilidades durante las sesiones de estudio. En lugar de resolver muchas veces seguidas el mismo tipo de problema, se alternan actividades que requieren enfoques distintos.
Aunque este método puede resultar más lento y exigente al principio, ayuda a desarrollar la capacidad de distinguir entre situaciones y elegir la estrategia más apropiada para cada una. Así, el aprendizaje se vuelve más flexible y aumenta la posibilidad de aplicar los conocimientos en contextos nuevos.
4. Relacionar los conocimientos nuevos con los que ya se tienen
Otra forma de mejorar la memoria y consolidar el aprendizaje consiste en conectar la información nueva con conocimientos previos, experiencias personales y ejemplos concretos. Los autores denominan elaboración a este proceso, que incluye explicar una idea con palabras propias, buscar situaciones que permitan ilustrarla o establecer relaciones con otros conceptos. No se trata simplemente de memorizar un dato, sino de comprenderlo e integrarlo en una red de conocimientos.
Cuantas más conexiones significativas se establezcan entre la información nueva y la que ya está almacenada en la memoria, más posibilidades habrá de recuperarla y utilizarla posteriormente. Además, relacionar conceptos facilita la comprensión y permite aplicar lo aprendido para resolver problemas y abordar situaciones nuevas.
En definitiva, estas cuatro técnicas muestran que aprender mejor no depende solamente de cuánto tiempo se dedica al estudio, sino también de cómo se utiliza. La práctica de recuperación, la distribución de las sesiones, la alternancia de ejercicios y la elaboración de conexiones son estrategias que pueden contribuir a una memoria más sólida y un aprendizaje duradero.